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La ciencia detrás de un gran desempeño bajo presión en el deporte


La presión hace cosas interesantes en los atletas. En algunos casos, conduce a un aumento de nervios y ansiedad. Otros, en cambio, son capaces de canalizar esta presión en correr más rápido, saltar más alto, etc. ¿Qué estrategias utilizan estos últimos para aumentar su desempeño bajo una elevada tensión?


deportista

Un estudio realizado en Australia e Inglaterra reportó los resultados de una serie de entrevistas a 16 deportistas, sólo unos días después de haber tenido un excelente rendimiento deportivo en una competencia bajo mucha presión.


El estudio

Un grupo de investigadores de la Universidad de Wollongong (Australia) analizó a 16 atletas de varias disciplinas (5 mujeres y 11 hombres, con una edad promedio de 27 años) que incluían, por ejemplo, un ganador de la copa del mundo de rugby de Nueva Zelanda, un tenista profesional y un campeón olímpico de bádminton.
Se solicitó a los atletas que describieran su destacado desempeño con el mayor detalle posible, incluyendo lo que estaban pensando y sintiendo en ese momento.

El análisis reveló que había doce características que apuntalaban dicho desempeño. Seis fueron similares al estado de flujo, que es cuando el rendimiento se siente sin esfuerzo y el conjunto de habilidades coincide con las demandas de dicho rendimiento. Estas características del flujo son:


  • Ser absorbido totalmente por la tarea hasta el punto de no ser consciente de la muchedumbre.
  • Altos niveles de confianza.
  • Gran control sobre su desempeño y la situación.
  • Alta motivación para tener éxito.
  • Disfrutar lo suficiente (pero no demasiado).
  • Estar completamente alerta.

Además, algunos de los atletas informaron que por momentos el tiempo parecía ralentizarse y tener un recuerdo borroso del evento.

Pero también existieron otras características distintas al estado de flujo. Mientras que el flujo se describe como una acumulación gradual de confianza y una sensación de falta de esfuerzo, otras dimensiones de dichas actuaciones incluyeron:


  • Niveles inusuales de concentración.
  • Tener un esfuerzo intenso durante un período de tiempo (a menudo caracterizado por no retener nada).
  • Aumento de la auto-conciencia de lo que estaban pensando y sintiendo en ese momento. Altos niveles de excitación.
  • Automatismo de habilidades.
  • Ausencia de pensamientos negativos sobre las consecuencias en caso de fallar.

Anteriormente, el alto desempeño ha sido visto, en gran medida, como automático y dependiente de no pensar demasiado. Los nuevos resultados sugieren que, aunque esto puede incrementar el funcionamiento, no es lo único. Los atletas entrevistados recordaron haber elevado su juego a través de altos niveles de auto-monitoreo y hacer un esfuerzo consciente para elevar el rendimiento.

Muchas de las estrategias que sustentan el alto rendimiento bajo presión, como el enfoque deliberado, los altos niveles de concentración y la confianza, son maleables. Es decir, que pueden ser enseñados, aprendidos y desarrollados. El conocimiento de esto podría ser muy útil para los atletas, entrenadores y profesionales que trabajan con ellos. La base será explorar cuándo es el mejor momento para que los atletas se relajen y "dejen que suceda", y, a la inversa, cuando conscientemente se esfuerzan más para "hacer que suceda".

La mayoría de la gente actúa bajo presión en algún momento de su vida, ya sea hablar en público, exámenes de estudios o trabajar en estrecha relación con un plazo. ¿Cuánto pueden aplicarse estas coyunturas a entornos no deportivos? Los investigadores hacen hincapié en que es importante evitar un enfoque único para el gran desempeño bajo presión. Si bien pueden haber algunos principios subyacentes que se pueden transferir, pero saber cuáles, dependerá probablemente del conocimiento tanto de la tarea en cuestión, como de la persona que tiene que ejecutar la habilidad.
Los misterios de la excelencia en el desempeño bajo presión en el terreno no deportivo promete ser un área emocionante para continuar investigando en el futuro.


Referencia:
http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/02640414.2016.1265661



El efecto que la cinta de correr ocasiona en nuestra percepción


Cualquier persona que haya caminado o corrido en una cinta, probablemente haya tenido una experiencia perceptiva extraña después de bajarse de la misma. Por un momento sentimos como que estamos avanzando más rápido de lo que realmente lo hacemos.


cinta correr

Dicha ilusión, que es especialmente llamativa para quienes utilizan por primera vez una cinta de correr, fue documentada científicamente en un artículo de 'Nature' hace 20 años. Desde entonces, los científicos han llegado a comprender mejor lo que está ocurriendo en nuestra visión y cerebro.

Esto tiene que ver con el desajuste en el flujo óptico: la velocidad a la que el mundo visual está pasando (que es cero cuando estamos haciendo ejercicio en una cinta) y la actividad locomotora, ya sea caminar o correr.


Esencialmente el cerebro tiene que realizar una recalibración perceptiva. Por lo general, cuando se camina normalmente, el mundo visual se mueve a un ritmo predecible que depende de nuestra velocidad. Pero en la cinta de correr esta relación se desacopla. En este caso, el cerebro se recalibra y ahora tiende a percibir que para experimentar un flujo óptico igual a cero hay que caminar o correr a cierta velocidad.

Una forma en que esto se puede manifestar es lo que hicieron unos investigadores de la Universidad de Virginia. Solicitaron a un grupo de estudiantes que corran unos 20 segundos en una cinta, posteriormente les vendaron los ojos y les pidieron que corran un par de minutos más. Por último, también con los ojos vendados, los bajaron de la cinta y les solicitaron que corrieran, pero sin moverse del lugar. El resultado fue que corrían hacia adelante sin darse cuenta. Es que la venda les impidió recalibrar de nuevo la nueva realidad y el cerebro siguió actuando como si tuviera que correr para permanecer inmóvil.

El estudio publicado en la revista "Psychonomic Bulletin" también aborda la cuestión de la medida que utiliza el cerebro para calibrar el movimiento con el flujo óptico. Digamos que usted está caminando a 5 kilómetros por hora en la cinta. El cerebro se recalibra, ahora está calculando que este acto de caminar da como resultado un flujo óptico igual a cero. Pero ¿Cómo mide esto el cerebro, por velocidad o por esfuerzo?


Un nuevo estudio

Los investigadores Jonathan Zadra y Dennis Proffitt, probaron esto pidiendo primero a 41 estudiantes que caminaran en el lugar con los ojos vendados durante veinte segundos, esto era para obtener un sentido básico de cuánto se movían hacia adelante involuntariamente con los ojos vendados. A continuación, se quitaron la venda de los ojos y pasaron diez minutos caminando a 5 km/hora en una cinta. La mitad de ellos hizo esto en una caminadora sin inclinación, la otra mitad caminó a la misma velocidad, pero en una cinta con una inclinación de diez grados. Finalmente, se bajaron, volvieron a colocarse la venda y probaron otros 20 segundos marchando en el lugar.

Ambos grupos de estudiantes mostraron una desviación en el flujo óptico después de estar en la cinta en comparación con caminar en el piso, pero los estudiantes que habían estado en la cinta inclinada mostraron significativamente más desvío. Esto sugiere que al recalibrarse los efectos del flujo óptico a cero en una caminadora, nuestro cerebro también tiene en cuenta la cantidad de esfuerzo. Si nuestro cerebro se hubiese basado sólo en la velocidad, entonces los dos grupos deberían haber mostrado la misma cantidad de desvío.

Un segundo estudio descartó la posibilidad de que pudiera haber alguna otra explicación más mecánica, por ejemplo, que el caminar inclinado afecte los músculos y las articulaciones de alguna manera, y esto afecte entonces la recalibración.
Todo el procedimiento se volvió a repetir, pero con los estudiantes llevando gafas de realidad virtual en la cinta de correr, para inducir el flujo óptico artificial (la pantalla mostraba las calles con igual inclinación a medida que caminaban). Ahora los efectos desaparecieron, tanto para los que habían estado en una cinta plana como los que estaban en una caminadora inclinada. Esto confirma que la mayor desviación mostrada por los que caminaron inclinado en el primer experimento, seguramente se deba a una recalibración del flujo óptico, teniendo en cuenta el mayor gasto energético.

La vida cotidiana está llena de efectos como este, que de repente nos empujan a reflexionar sobre el extraordinario trabajo inconsciente que nuestros cerebros hacen para ayudarnos a movernos con seguridad por el mundo físico.


Referencia:
https://link.springer.com/article/10.3758/s13423-016-1017-6



El poder de las cábalas: calman la ansiedad y aumentan el rendimiento


El tenista ‘Rafa’ Nadal jamás pisa las líneas de la cancha cuando entra a la pista, también es conocido por el orden en que alinea las botellas de agua y las toallas, por no hablar de su ritual de saque que más de una vez ha causado molestias en los rivales.


rafa nadal

Un partido crítico o una importante entrevista de trabajo pueden generar tal ansiedad que termine saboteando nuestras esperanzas. Es por ello que mucha gente adopta diferentes cábalas para calmarse, desde llevar algún amuleto hasta ponerse una determinada prenda de vestir. Muchos artistas de primer nivel las utilizan antes de un espectáculo.
Recientemente, una investigación ha determinado que aproximadamente la mitad de las personas tiene una cábala o ritual para momentos que sabe que serán tensionantes.


La investigación

El estudio, llevado a cabo por el ‘Harvard Business School’, invitó a 250 voluntarios a participar del sondeo. Una de las pruebas consistía en cantar una canción en público (ninguno de los participantes era cantante profesional ni aficionado). Se les preguntó a cada uno si tenía alguna cábala para un momento de mucha tensión, aproximadamente la mitad respondió afirmativamente.

Usando una muñequera para medir el pulso y la frecuencia cardíaca de los voluntarios después de cada actuación, los investigadores encontraron que quienes cumplieron con su cábala disminuyeron la frecuencia cardíaca casi a niveles normales, a diferencia de quienes no hicieron nada que, en promedio, tuvieron un pulso y frecuencia cardíaca más alta de lo normal.
La ansiedad auto-reportada también era reducida. Además, los participantes que realizaron cábalas produjeron un canto de mejor calidad en términos de tono, volumen y duración de la nota. No solo se sentían bien, incluso algunos mejoraron de acuerdo con pruebas de canto hechas previamente.

El siguiente estudio examinó si el ritual es efectivo en cualquier situación desafiante, o específicamente en contextos que provocan ansiedad. En este caso se les dio a los participantes un conjunto de problemas matemáticos, pero los autores del estudio les dijeron a algunos que se trataba solo de un "divertido rompecabezas matemático". Mientras que a otro grupo les expresaron que era un "test de Coeficiente Intelectual muy difícil".
Sólo el segundo grupo mostró un mejor desempeño después de realizar una cábala, lo que sugiere que el alivio de la ansiedad es clave.


¿Cómo nos tranquilizan este tipo de rituales? La definición dice que las cábalas son "rutinas fijas con un significado simbólico". Seguramente sean también una circunstancia de expresión emocional, lo que a su vez nos lleva a reducir el estrés.

En un estudio realizado hace unos años se les hizo escribir a un grupo de personas una secuencia fija de números. A algunos participantes se les dijo que era un procedimiento cognitivo para mejorar el rendimiento. Sin embargo, cuando a otros participantes se les dijo que era sólo "un comportamiento aleatorio" mostraron menos efectividad en pruebas posteriores que cuando el comportamiento fue explícitamente etiquetado como ritual, lo que confirma que la significación simbólica es un componente importante del efecto.

Técnicas más modernas para el manejo de la ansiedad como la escritura expresiva o la terapia cognitiva conductual son partes de la caja de herramientas de la psicología moderna y pueden aparecer como reemplazos de las cábalas. Pero como dice la psicóloga Allison Brooks "aunque algunos pueden catalogar a las cábalas como irracionales, aquellos que las practican generalmente superan a los escépticos en una medida por encima de la media".


Referencia:
http://www.hbs.edu/faculty/Pages/item.aspx?num=51401



Circuitos latentes del cerebro: aprender sin darse cuenta


Hace un par de meses, los medios de comunicación se hicieron eco de un hecho sorprendente que le ocurrió a un muchacho de 16 años al recibir una patada en la cabeza mientras jugaba un partido de fútbol.


Circuitos latentes del cerebro

Posteriormente al incidente, el joven Reuben Nsemoh terminó en coma y a pesar de la severidad de la lesión el chico recuperó la conciencia unos días después.
Pero lo asombroso es que Reuben, un hablante monolingüe de inglés, ahora hablaba español con fluidez. A pesar de que nunca había hablado este idioma antes de la lesión y sólo había tenido una mínima exposición al escucharlo hablar a algunos de sus amigos.

Aunque la situación de Reuben puede parecer extremadamente peculiar, su caso no es tan raro. La respuesta radica en cómo se almacenan ciertos tipos de datos en el cerebro. Existen casos en que los recuerdos se almacenan de tal manera que son inaccesibles a la conciencia, por lo tanto no pueden ser recuperados, excepto en circunstancias extremas. También hay muchos casos de "recuerdo de procedimientos", por ejemplo, gente que puede escribir una contraseña pero no puede reproducirla verbalmente.


Circuitos latentes

Si bien caso de Reuben Nsemoh no es un ejemplo de capacidad repentina para acceder a un procedimiento, lo suyo es más probable que se trate de un caso en el que los recuerdos se almacenan de una manera no totalmente eficaz.
Cuando guardamos en el cerebro el vocabulario y las reglas gramaticales de un idioma generamos nuevas conexiones neuronales, además, se depositan proteínas entre estas neuronas para lograr que se activen juntas, que es lo que sucede cuando la memoria es recuperada conscientemente.
Al aprender un idioma por primera vez, las conexiones son bastante inestables y pueden disolverse fácilmente, es decir, si no se usa el nuevo lenguaje durante mucho tiempo, las conexiones cerebrales asociadas con dicho idioma pueden ir desapareciendo, incluso por completo. Pero en otros casos, simplemente se vuelven latentes. Esto significa que las redes neuronales todavía están allí, pero la señal de una célula a otra es infrecuente o débil. En tales casos, parecerá que la persona ha olvidado el idioma.


Ocurre que cuando se produce un daño al cerebro, un gran número de células cerebrales mueren. Dichas células están llenas de productos químicos, que al derramarse, pueden excitar áreas cerebrales cercanas. Esto puede dar como resultado el despertar de los circuitos latentes del cerebro.
Reuben Nsemoh

Es muy probable que algo similar haya sucedido a Reuben. Su exposición al español de sus amigos aparentemente dio lugar a circuitos neuronales inactivos que fueron despertados por la inundación de químicos procedentes de células muertas tras el accidente. Una vez estimuladas, estas conexiones neuronales pueden haber llegado a ser lo suficientemente estables como para estimular la recuperación del idioma español en la memoria, a pesar de que nunca lo había hablado antes de la lesión.

Este tipo de casos ilustran que cuando estamos expuestos a idiomas que no conocemos, en realidad podemos aprenderlos, aunque no podamos hablarlos.
Quizás, la tarea de los neurocientíficos sería encontrar un medio para que las personas puedan acceder a este tipo de habilidades lingüísticas sin tener que pasar por una lesión cerebral traumática.


Referencias:
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK10878/
http://www.livescience.com/43595-procedural-memory.html



Cuatro estrategias para un aprendizaje exitoso


aprendizaje

Lo cierto es que el aprendizaje de cualquier actividad lleva esfuerzo y tiempo. La prolongada duración de la infancia en la especie humana es evidencia suficiente de ello. Pero tampoco es menos cierto que existen algunas técnicas que nos pueden ayudar a dominar más rápido, y también mejor, la incorporación de conocimientos. Veamos algunas de ellas.

1.) Si bien la repetición es importante, desde leer libros hasta el perfeccionar un tiro de volea o revés en tenis, no es tan sustancial como generalmente se piensa.
Es probable que haya oído hablar de la "teoría de las 10 mil horas" de Malcom Gladwell, que dice que se necesita aproximadamente esa cantidad de tiempo para dominar una determinada habilidad. Eso es el equivalente de 90 minutos al día durante 20 años, una extraordinaria cantidad de tiempo que nos hace sospechar del simplismo de esta conjetura. De hecho, el profesor Anders Ericsson, en cuyo trabajo se basó Gladwell para alegar tal afirmación, hacía hincapié en que la calidad de la práctica importaba más que la cantidad. Es decir, la repetición, ya sea de lectura o ejercicios de memoria o físicos, tiene su importancia, pero no es toda la historia.


2.) La atención es mucho más importante de lo que la mayoría de la gente asume, y lo que más importa es la forma de enfocar e implementar. Por ejemplo, numerosas investigaciones han demostrado que, cuando se toman apuntes en una clase, la retención es mucho mayor si el alumno transcribe con sus propias palabras, que cuando intenta escribir textualmente lo que el profesor dice. Es que, por cierto, la transcripción es un modo pasivo de cognición.


Tradicionalmente, en un período de aprendizaje, tendemos a basarnos más en métodos de bajo rendimiento a expensas de métodos más dinámicos, como el trabajo en grupo y de retroalimentación tales como practicar en voz alta frente a un espejo o explicarle a otra persona aquello que se está aprendiendo. Como dijo Einstein "Si no se lo puedes explicar a un niño de seis años, es porque no lo has entendido".

La transcripción es un gran ejercicio cerebral, concentrarse en las ideas que escucha y decidir que es lo que va a escribir. Por lo general, los estudiantes cometen el error de preocuparse más en duplicar palabra por palabra. Cuando en realidad, el acto de decidir en forma rápida, junto con la coordinación cerebro-mano, lo que se va a anotar, es lo que hace que una idea se asimile.


3.) Por otra parte, no hace mucho tiempo que la ciencia ha demostrado que es durante el sueño cuando se refuerza el aprendizaje a largo plazo, y que concretamente, es en la fase REM del sueño cuando se arraiga en la memoria lo que aprendemos durante el día. Estos períodos se producen cada 90 minutos y duran alrededor de 20 a 25 minutos. Es el período más profundo del sueño. El proceso de reiterar nuestras experiencias diarias en la memoria a través del sueño REM es, ni más ni menos, la manera de aprender a dominar cualquier práctica, ya sea científica, musical, artística, deportiva, etc. También es bueno saber que esta fase del sueño más profundo tiende a reproducirse con más fuerza en la primera parte de la noche. Por tanto, en períodos de aprendizaje, lo mejor para la memoria es acostarse temprano y dormir 7 u 8 horas. Es por esta razón que, en realidad, quedarse hasta tarde en la noche estudiando no es tan conveniente para la memoria de largo plazo como levantarse temprano y estudiar en las primeras horas posteriores al sueño.


4.) Seguramente ha oído hablar del término memoria muscular que se utiliza para describir cómo una habilidad difícil una vez aprendida se convierte en una segunda naturaleza, como si la repetición física fuese la clave. Por ejemplo, tratamos de aprender una pieza musical y nos damos cuenta que, después de retomar la tarea, dominamos mejor dicha pieza. A pesar de su nombre, este aprendizaje no está en los músculos, sino que está en el cerebro. Este tipo de tarea impulsa el aprendizaje de largo plazo mediante la liberación de químicos cerebrales sin los cuales la memoria de corto plazo se perdería casi de inmediato. Todo este proceso lleva unas cuatro horas. Una investigación llevada a cabo en la Universidad de Brown (Rhode Island, Estados Unidos) confirmó que una práctica llevada a cabo 4 horas después de una tarea de aprendizaje, pero no inmediatamente después, mejoró la retención de las asociaciones cognitivas. Esta mejoría está relacionada con una mayor actividad neuronal en el hipocampo.


Referencia:
http://www.cell.com/current-biology/fulltext/S0960-9822(00)00557-1



No es tu estado físico, es tu cerebro


Imagínate que llegas tarde a una entrevista de trabajo y debes subir muy rápidamente una escalera, pero cuando llegas al final de la misma, sientes una falta de aire como si hubieses corrido un maratón.
Seguramente esto nos ha ocurrido a todos, subir apresuradamente unos cuantos escalones y posteriormente sentir una falta de aire y un agotamiento físico repentino.


escaleras

Si usted toma esto como una señal de que su estado físico no es el mejor y que necesitaría ir a un gimnasio en forma urgente, se equivoca. Incluso un atleta profesional puede quedar sin aliento al subir un tramo de escaleras rápidamente, porque la condición física tiene poco que ver en esto.

Lo que sucede aquí es que cuando nos acercamos a unas escaleras con intención de subirla rápidamente, nuestro cerebro le indica al cuerpo que detenga la respiración. Esto ocurre porque los seres humanos estamos diseñados para detener o ralentizar la respiración cuando nos concentramos en una tarea específica durante un corto período de tiempo.

El resultado de esto es una doble pérdida de oxígeno, por un lado la cantidad de oxígeno que consumen los músculos durante el movimiento, y por otro, la cantidad que nos privamos debido a nuestra respiración reducida. Esto hace que nuestro nivel de oxígeno en sangre caiga en picado y suban los niveles de dióxido de carbono. Posteriormente, después que subimos la escalera, este sistema de concentración termina y el cerebro se da cuenta rápidamente de los bajos niveles de oxígeno en sangre, entonces, comienza a enviar señales opuestas, es decir, de iniciar una respiración rápida para suministrar al organismo el oxígeno que falta.


En realidad, es el aumento del dióxido de carbono en sangre el desencadenante del efecto, es que, en circunstancias normales, las concentraciones de oxígeno y dióxido de carbono en sangre siempre están inversamente relacionadas.

¿Por qué respiramos menos?

La pregunta que nos plantea esto es: ¿cuál es motivo que nos lleva a respirar menos cuando, en realidad, deberíamos respirar más? Este reflejo lo hemos desarrollado para ayudar a mantener a nuestros cuerpos concentrados cuando nos centramos en una tarea física que requiere precisión. Imagínese enhebrando una aguja, haciendo una incisión quirúrgica o lanzando una flecha, en todas ellas se produce este efecto. La clave para ser preciso con estas tareas físicas coordinadas es la quietud, la concentración y la tranquilidad. Retardando o deteniendo la respiración reducimos los movimientos corporales y, con suerte, lograremos una mayor precisión en la ejecución de la acción.


Incluso en algunas personas se produce apnea (suspensión temporal de la respiración) cuando están escribiendo, buscando algo, dibujando, pintando o cualquier otra tarea que requiera de una concentración momentánea.

Es fácil imaginar la utilidad de esta característica en nuestros antepasados, cuando este reflejo podía marcar la diferencia entre comer o no, es decir, esto tiene un valor evolutivo y selectivo claro.

Si quieres prueba esto: la próxima vez que debas subir una escalera rápidamente, concéntrate en tu respiración y, deliberadamente, dar algunas respiraciones profundas antes de comenzar a escalar, y sigue respirando a medida que subas los escalones. Si haces esto, notarás que no sufrirás ese clásico sofoco al llegar a la cima, ya que, simplemente, estás evitando este efecto.



No todo es entrenar: ¿Qué hace a un deportista mejor que otro?


La importancia de la práctica o entrenamiento para obtener un rendimiento de primer nivel en el deporte u otros ámbitos, como la música o el ajedrez, tuvo como punto de inflexión un estudio presentado por el psicólogo Anders Ericsson, en el cual se afirmaba que para alcanzar la excelencia se necesitaban, al menos, 10 mil horas de práctica.


deportistas

Posteriormente, quizás por el nivel de controversia de tal conclusión, Ericsson adujo que su investigación fue distorsionada, asegurando que él nunca afirmó que, con una práctica suficiente, cualquier persona podría alcanzar un rendimiento de élite. Según aclaró, lo que quiso decir fue que "entre los competidores de élite, aquellos que pasan más tiempo perfeccionando sus habilidades, son los que generalmente obtendrán los más altos niveles".

Pero para contrariarlo nuevamente, un nuevo meta-análisis publicado recientemente en la revista "Perspectives on Psychological Science" muestra que las diferencias en la cantidad de práctica no explican los niveles de rendimiento entre los atletas de élite.
Y en los niveles sub-élite, si bien es un factor relevante, de ninguna manera es el más importante.


La investigación

En este último estudio, la investigadora Brooke Macnamara y un grupo de colegas de la Universidad de Princeton, rastrearon investigaciones y literatura disponible hasta 2014 encontrando resultados relevantes procedentes de 34 estudios, algunos publicados y otros no, sobre la incidencia de la práctica y los niveles de rendimiento de 2765 atletas de varios deportes como el fútbol, voleibol, natación y atletismo.

Lo que encontraron fue que, en un nivel de élite, la cantidad de entrenamiento no se relacionó con un mejor rendimiento, es más, en términos estadísticos representa menos del 1% de la variación de la productividad total. En vez de tiempo de práctica, los factores que más hicieron la diferencia fueron los fisiológicos (influenciados por la composición genética), así como cuestiones psicológicas complejas, como la personalidad y la confianza. Además de la experiencia en la competencia.

En los niveles sub-élite, los rangos de práctica eran un poco más relevantes para el rendimiento: un 19% de la variación del rendimiento deportivo. Por tanto, un factor significativo, pero de ninguna manera el único ni el más importante.
Otro hallazgo del estudio fue que, en el caso de los deportistas más habilidosos, tendían a no comenzar la práctica deportiva en las edades más tempranas. Esto desafía la noción de que los artistas y deportistas más talentosos tienden a comenzar a edades más prematuras.

Los investigadores aseguraron que la práctica es un factor que contribuye a generar diferencias de rendimiento en una amplia gama de habilidades, pero de ninguna manera puede contribuir en las diferencias de rendimiento en los más altos niveles de competencia. En los grados más altos de competitividad, ya sea deportiva, musical, etc. se deben tener en cuenta otros factores, por ejemplo, capacidad cognitiva, personalidad y genética, éstos son los elementos que sí hacen la diferencia.


Referencia:
http://pps.sagepub.com/content/11/3/333



¿Por qué la actividad física es tan buena para el cerebro?


Hace ya unos cuantos años que la neurociencia sabe de los beneficios que la actividad física tiene sobre la salud del cerebro. Y hay muchas razones para ello: el aumento del flujo sanguíneo lo que mejora la salud vascular cerebral, la liberación de BDNF una proteína que favorece la supervivencia de las neuronas y los beneficios del metabolismo de la glucosa y lípidos que aportan nutrientes al cerebro.


actividad física y cerebro

Pero recién el año pasado se ha hallado una nueva causa desconocida hasta ahora. Investigadores del Instituto Beckman de la Universidad de Illinois han encontrado que la actividad física aeróbica mejora las microestructuras de la materia blanca (también llamada sustancia blanca) del cerebro.


Mientras que la materia gris está asociada con el conocimiento y procesamiento de información, la materia blanca actúa como transmisor y coordina la comunicación neuronal entre las diferentes regiones del cerebro. Esto la vincula con un mejor rendimiento cognitivo.

Según los autores de la investigación, existen dos razones por las cuales el ejercicio físico aeróbico mejora la actividad de la materia blanca. La primera es que el bombeo de la sangre a través del cerebro mejora la vascularización de estos capilares. La segunda es que la actividad física incrementa la mielinización de la materia blanca (la materia blanca está compuesta de fibras nerviosas recubiertas de mielina).

El primer estudio de la Universidad de Illinois fue publicado en agosto de 2014 en la revista "Frontiers in Neuroscience". En él se detalla como los investigadores hallaron que niños de buena forma física tenían una sustancia blanca más fibrosa y compacta que niños menos aptos físicamente. Posteriormente se realizaron pruebas en adultos con resultados similares.

Para la realización de los estudios, los investigadores utilizaron una técnica llamada Imágenes por Tensor de Difusión (DTI) para mirar cinco tractos de sustancia blanca que juegan un papel fundamental en la atención y la memoria. Los resultados revelaron mejoras significativas relacionadas a la actividad física en varios de los tractos. Lo interesante, es que los resultados indican que sólo un poco de actividad física todos los días (por ejemplo, una caminata de 30 minutos), ya está ayudando a mejorar la integridad de la materia blanca del cerebro.

Los autores argumentan que, de hecho, el estudio plantea la certeza de que una mayor integridad de materia blanca a través de la actividad física, es una vía interesante para mejorar el rendimiento cognitivo en todas las etapas de la vida. Es de esperar que estos hallazgos refuercen la importancia de realizar alguna actividad aeróbica a cualquier edad.


Referencia: http://journal.frontiersin.org/article/10.3389/fnhum.2014.00584/abstract



Nuestra atracción por el miedo previsible


Nuestro cerebro reacciona de manera muy diferente ante el miedo circunstancial que ante el miedo previsible, veamos por qué.


miedo previsible

Imagínese que usted va caminando por la calle a altas horas de la noche, cuando de repente un individuo sale de las sombras con un cuchillo y le exige que le entregue el dinero.

Cuando tenía unos 15 años, algo que hicimos en alguna oportunidad con un grupo de amigos fue ir por la noche a un cementerio cercano para ver si podíamos observar algo "fuera de lo común", particularmente la primera vez teníamos un gran susto, sin embargo, repetimos la experiencia algunas veces más.

Estas dos situaciones, el atraco o ir a un cementerio a medianoche nos generan temor, sin embargo, la primera no nos gustaría vivirla y la segunda, de hecho, fue repetida varias veces. Se podría opinar que en el atraco hay un riesgo real de vida y en el cementerio no. En ese caso, también podríamos hacer la comparación con los deportes extremos, aquí sin dudas que hay un riesgo de vida. ¿Cuál es el porcentaje de salir vivo de un atraco y cual es el porcentaje de salir vivo de un salto base?... sin embargo, por el primero sentimos rechazo y no quisiéramos que nos ocurra, en cambio, el segundo quien lo practica probablemente lo repetirá.


A nuestro cerebro le gusta el miedo previsible

¿Por qué nuestro cerebro reacciona de forma tan diferente ante una situación de miedo circunstancial y a una situación de miedo previsible, o sea, un evento en el que sabemos que vamos a sentir temor? La respuesta tiene que ver con nuestro sistema límbico, que es el circuito emocional del cerebro. En esencia, el sistema límbico comprende las regiones del cerebro que están conectadas al hipotálamo, que es quien controla la respuesta del cuerpo al estrés. Así que cuando usted ve al hombre con el cuchillo, el hipotálamo da la señal de "lucha o huida" es decir, aumentar la respiración, acelerar los latidos del corazón, dilatar las pupilas, etc.
Curiosamente, cuando sentimos una emoción el hipotálamo provoca la misma reacción fisiológica, pero con una pequeña diferencia:


Cuando asimilamos que estaremos ante una situación que nos va a provocar miedo, se activa el centro de recompensas del sistema límbico: el núcleo accumbens. Por lo tanto, el hecho de saber que estamos a punto de sentir miedo nos puede llegar a resultar agradable. Esto se debe a que la estimulación del nucleo accumbens libera dopamina.
En cambio, si el miedo es impredecible, el núcleo accumbens no se activa.

Hay muy poca diferencia fisiológica entre el miedo y la emoción. Cuando una persona pasa por una situación que le provoque miedo pero que finalmente nada malo le ocurre, entonces es muy fácil confundir la sensación de miedo con la de emoción, y creer que en realidad no era miedo sino que estuvo en un estado de excitación todo el tiempo.


Para terminar...

No nos gusta el miedo en sí, nos gusta el miedo predecible, nos enciende el sistema límbico y nos hace sentir más vivos. Para muchos investigadores, el éxito de las películas de terror, de las montañas rusas, de los deportes extremos o de Halloween tienen mucho que ver con este efecto de nuestro cerebro.



La ciencia del último esfuerzo


Hace sólo unos meses, a fines de septiembre, el maratonista keniano Dennis Kimetto hizo la carrera de su vida, fue en el maratón de Berlín. Su impresionante ritmo le permitió dejar atrás a su compatriota Emmanuel Mutai para llegar en solitario a la línea de meta e imponer un nuevo record mundial: 2 horas 2 minutos y 57 segundos para los 42,195 kilómetros.


ciencia esfuerzo

La actuación de Kimetto fue un logro notable y demuestra como el cuerpo humano se empuja a si mismo continuamente hacia el límite. Además, hay que resaltar un hecho extraordinario: si bien Kimetto corrió a un ritmo increíble durante toda la carrera, a falta de 2 km para la meta comenzó a correr aún mucho más rápido. De alguna manera, se había aprovechado de una reserva de energía sin utilizar de su cuerpo, lo que fue crucial para imponer el nuevo record.


El último esfuerzo

Lo que generalmente creemos que es el límite de nuestra capacidad para un esfuerzo extremo es la resistencia física de nuestros cuerpos, específicamente la capacidad de nuestro sistema cardiovascular para proporcionar oxígeno y combustible a los músculos. Sin embargo, existe un comportamiento que podemos observar, sobre todo, en deportistas de elite en momentos críticos: tener un rendimiento excepcional cuando parece que ya no deberían quedar fuerzas.

Esto ocurre porque los seres humanos tenemos un mecanismo de auto limitación de reserva de energía, no importa el tipo de esfuerzo que estemos realizando. Nuestro propio cuerpo nos impide alcanzar el máximo potencial ya que poseemos una porción de energía que nunca utilizamos, salvo que el cerebro inconsciente decida lo contrario.

Pero ¿por qué tenemos este mecanismo de reserva? ¿No sería mejor ser capaces de correr tan rápido como sea posible o tener la máxima fuerza siempre que quisiéramos? Una explicación podría ser que si consiguiéramos una fuerza o velocidad del 100% cada vez que quisiéramos, probablemente terminaríamos heridos o lesionados, por tanto, la naturaleza nos ha dotado de esta protección. Pero existe otra razón no menos importante.


Resistencia y emociones fuertes

¿Qué sentido tiene tener fuerza, velocidad y resistencia adicional si no podemos usarla conscientemente? La respuesta está en los innumerables casos de individuos levantando vehículos posteriormente a un accidente o personas que consiguieron sacar de un incendio a un ser querido que jamás imaginaron que podrían alzar. La única regla inalterable es que sólo las emociones más fuertes (miedo intenso, rabia brutal o feroz competencia) pueden accionar este mecanismo.

La lección de esto es que todos poseemos esta reserva energética oculta, pero que sólo la experimentaremos en una situación de necesidad desesperada. La circunstancia podría ser un evento que ponga en riesgo nuestra vida o la de un ser querido, como un incendio, un accidente automovilístico o el ataque de un desconocido. O podría ser también algo más agradable, como tener a la vista la línea de meta y te encuentres cerca de establecer un nuevo récord mundial.



Ansiedad y rendimiento: ¿por qué los grandes no fallan los penaltis decisivos?


Seguramente, más allá de si nos gusta o no el fútbol, todos hemos visto la definición mediante una tanda de penaltis de algún torneo importante, sobre todo ese penalti decisivo, en el cual si el jugador falla el tiro se termina todo, en ese preciso momento en el cual muchos pensamos "...ahora mismo no me gustaría estar en los zapatos de este individuo".
Es sorprendente ver la fortaleza emocional de algunos deportistas, como responden a la altura de las circunstancias en los grandes momentos.


ansiedad rendimiento

Pero... ¿Por qué algunos deportistas soportan tan bien ese momento de máxima presión y otros, no tanto? La respuesta es porque cuando las personas están en una condición de activación fisiológica, son más propensas a mostrar su respuesta dominante ante una situación dada. Esto explica porqué algunos son menos propensos a fallar en esos momentos, en cambio en otros, las probabilidades de fracasar sean mayores.

Respuesta dominante es aquella respuesta que es más previsible que manifieste un individuo ante una situación en particular, generalmente se debe a la actitud, componentes innatos y habilidades adquiridas (práctica o entrenamiento).

Ansiedad y rendimiento

Por supuesto que las consecuencias que genera la ansiedad en el rendimiento no sólo se aplica a los deportes, sino que, obviamente, lo vemos en cualquier otro tipo de actividad, esto nos hace recordar a un particular fenómeno psicológico: la amenaza del estereotipo.
La amenaza del estereotipo se refiere a la ansiedad y excitación que sienten algunas personas en una determinada circunstancia ante la posibilidad de que su desempeño confirme un estereotipo negativo, esto hace que su rendimiento disminuya.
Por ejemplo, distintos estudios han demostrado que este fenómeno reduce el rendimiento de los afroamericanos en las pruebas SAT (prueba de ingreso a las universidades en Estados Unidos) debido al estereotipo de que son menos inteligentes que otros grupos raciales. También se asegura que este fenómeno es el culpable de que muchas mujeres tengan un peor rendimiento en matemáticas, ya que el estereotipo indica que las matemáticas "son un territorio de hombres".

Pero ¿Cómo se puede demostrar que la ansiedad y la excitación es el mecanismo que explica la amenaza del estereotipo? Por ejemplo, la psicóloga y profesora de la Universidad de Kansas Laurie O'Brien utilizó el factor de la "respuesta dominante", ella razonó que si la ansiedad ayuda a explicar el bajo rendimiento en situaciones de amenaza del estereotipo, estas mismas reglas que rigen este efecto podrían invertirse. Por lo tanto, se debería demostrar que si la respuesta dominante en una situación dada es en realidad una en la que las personas son realmente buenas, en este caso la amenaza del estereotipo debería mejorar el rendimiento.


La investigación

La teoría sugería que la ansiedad y la excitación deben disminuir el rendimiento en tareas difíciles y aumentarlo en tareas fáciles. Por tanto se planteó la hipótesis de que un examen de matemáticas podría causar amenaza del estereotipo en mujeres, pero no en hombres. En el experimento, cada participante tuvo dos pruebas: un examen de matemáticas difícil y un segundo examen de matemáticas fácil.
El resultado marcó que las mujeres obtuvieron mejores resultados en las pruebas de matemática fácil y peores resultados en la prueba de matemática difícil cuando realizaron el examen junto a personas del sexo masculino, que cuando solo había personas del sexo femenino.


Para terminar

Si bien es verdad que la ansiedad y excitación fisiológica resultante de este fenómeno puede socavar el rendimiento, también estas investigaciones nos recuerdan una cosa: que algo que tenemos bajo control es la consecuencia de una respuesta dada.
Es decir, aumentar la probabilidad de que el resultado correcto sea la respuesta dominante, está basado fundamentalmente en una condición y esa condición es la práctica; o sea, así como ni Michael Jordan nació sabiendo jugar al basket, ni Roger Federer sabiendo jugar al tenis, tampoco hemos nacido sabiendo resolver problemas matemáticos difíciles, pero con la práctica podemos llegar a ser realmente buenos en lo que hacemos y así anular los efectos negativos de cualquier estereotipo de rendimiento. Después de todo, como hemos visto, lo que necesitamos para aumentar la probabilidad de un buen desempeño está en nuestra respuesta dominante.



¿Por qué se hace publicidad para consumidores que no pueden comprar?


Los anuncios publicitarios de las empresas que comercializan productos de alto estatus, muchas veces se enfocan en los segmentos de consumidores que no pueden pagar por ese producto. Veamos por qué.


Publicidad consumidor comprar

Todos sabemos que determinadas empresas gastan millones y millones en publicidad para llegar a los potenciales consumidores e informarles acerca de un producto.
Tal vez, un ejemplo bastante esclarecedor se da con el fútbol, en el cual muchas marcas pagan enormes cantidades de dinero en anuncios. Sin embargo, da la sensación que este dinero estaría bien empleado, si la audiencia incluyera una gran proporción de consumidores de un muy buen poder adquisitivo, de lo contrario ¿para qué sirve un gasto millonario orientado a un público que no consumirá el producto?


Señales sociales y conocimiento común

Es cierto que muchos consumidores de marcas de alta gama (Rolex, Audi o Mercedes, por nombrar algunas) concurren o ven fútbol por televisión, pero sin dudas que representan sólo una pequeñísima parte del total. ¿Por qué entonces una empresa que vende tales artículos invierte enormes cantidades de dinero en publicidad destinada a espectadores que, en su gran mayoría, no pueden pagar su producto? ¿Por qué no gastan el dinero destinado a publicidad más eficientemente?

La respuesta a esta paradoja es que el estado de distinción de marcas de alto status, requiere la señalización de su valor a todo el mundo, incluso aquellos que nunca podrán acceder a tal producto.
El consumo de alto nivel funciona como una señal social (y cuánto más visible sea esta señal, mejor). ¿Qué señal social significaría ser dueño de una Ferrari si nadie supiera lo que representa?

Este tipo particular de construcción social es lo que los expertos en marketing llaman concepto de conocimiento común. Hace unos años, un estudio de la Universidad de Princeton analizó la inversión publicitaria por espectador en la televisión norteamericana y se encontró con que los programas de divertimentos claramente destinados a las clases medias, eran quienes cobraban más a los anunciantes, promedialmente por espectador en sus tandas comerciales, ya que estos programas si bien no son los que más venden, si son los que más conocimiento común generan.

Un producto sólo puede ser considerado de "nivel" si la gente sabe que es digno de ser venerado. Por lo tanto, es tan importante que este tipo de productos se establezcan como tales, en aquellos segmentos de consumidores que no los pueden adquirir.


Muchas veces, los anuncios comerciales de determinadas marcas no son para alertar a potenciales compradores (que seguramente ya conozcan el producto), sino que están destinados a señalar al resto de los individuos que son productos de alto rango social.

Los expertos en campañas publicitarias de marcas de primer nivel saben que los primeros que deben estar al tanto de lo que una marca simboliza, son quienes no pueden acceder a dicha marca.
Esta es la razón porque determinadas empresas, a menudo pagan enormes cantidades por aparecer en espectáculos que básicamente miran las grandes masas, fundamentalmente conformadas por clases medias trabajadoras y medias bajas, como el fútbol, por ejemplo. Esto nos da una pauta de como el dinero invertido en publicidad puede ser útil, incluso si no se traduce directamente en ventas. Los espectáculos destinados a los estratos medios de la sociedad crean mucho conocimiento común porque todo el mundo los mira, y lo más importante, todo el mundo sabe que todo el mundo los mira.

El reconocimiento social de una marca como de "elite", es parte necesaria del valor de esa marca para comercializar con éxito un producto de alta gama, y nos ilustra el por qué las empresas pagan por hacer publicidad (crear señales) destinadas a aquellos que no pueden pagar por sus artículos de lujo.



La paradoja del cinturón de seguridad


A mediados del siglo pasado, la empresa Volvo comenzó a tratar de mejorar las medidas de seguridad para proteger a los conductores y pasajeros en sus vehículos.
Como consecuencia de ello nació el cinturón de seguridad. Paradojicamente, los conductores, en general, comenzaron a tener un manejo mucho más temerario.
Esto no fue casualidad, veamos porqué.



Volvo le encargó el trabajo a un ingeniero mecánico llamado Nils Bohlin, el mismo que había desarrollado los asientos eyectables para la empresa de aviones Saab.
Después de investigar y experimentar durante un año, Bohlin tuvo un gran avance, una correa en el pecho y otra en la cadera, cada una anclada en un mismo punto. Era tan sencillo que el conductor o pasajero, lo podía abrochar con una sola mano.
Volvo presentó el resultado, posiblemente el dispositivo de seguridad más efectivo de los últimos 50 años, tal es así que, en poco tiempo, los otros fabricantes de autos siguieron su ejemplo.

Nadie podrá saber nunca exactamente cuantas vidas ha salvado el cinturón inventado por Nils Bohlin, ni cuantas personas se han salvado de sufrir graves heridas, en muchos casos lesiones permanentes.


Teoría de compensación de riesgo

Mientras festejamos el medio siglo de este genial invento, también podríamos considerar que muchos conductores causan accidentes, precisamente por llevar el cinturón de seguridad.
Los científicos llaman a esto "teoría de compensación del riesgo".
Es el concepto de que los seres humanos tienen una tolerancia innata al riesgo, lo que significa que, cuantas más medidas de seguridad se añaden a los vehículos y carreteras, los conductores se sentirán menos vulnerables.
O sea, la sensación de mayor seguridad nos tienta a ser más imprudentes.

La "compensación de riesgo" es un fenómeno que no sólo se ve en las carreteras, sino que lo vemos en muchos ámbitos, en el trabajo, en el hogar, en el deporte, etc.


El número de muertes por inundaciones en los Estados Unidos apenas ha variado en los últimos 100 años, porque la construcción de diques ha llevado a mucha gente, a pesar del peligro, a vivir a zonas inundables.

Los investigadores han encontrado que la mejora del mecanismo de apertura de los paracaídas no redujo considerablemente el número de accidentes, ya que esto ha hecho que muchos paracaidistas, en un exceso de confianza, lo abran demasiado tarde.

Los estudios aseguran que los trabajadores que usan cinturones industriales, tienden a levantar cargas más pesadas.

Las estadísticas del servicio de Guardabosques de EEUU dicen que se pierden muchas más personas en aquellos bosques dónde hay equipos de rescate.

Cuándo los jugadores de fútbol americano comenzaron a utilizar cascos protectores como medida para prevenir lesiones, fomentó que empezaran a utilizar la cabeza como arma de ataque. Esto terminó ocasionando lesiones aún más graves.


El profesor de psicología de la Universidad de Ontario (Canadá) Gerald J. Wilde, en uno de sus libros, da su punto de vista con respecto a la compensación de riesgo:
Los seres humanos no sólo toleran riesgo, a veces lo buscan; esto ocurre porque cada uno de nosotros tiene un nivel de tolerancia innata al riesgo y en función de ese nivel, en una situación dada, actuaremos para reducir o aumentar el riesgo percibido.
Así como nuestro cuerpo regula, por si solo, la temperatura corporal, las personas regulan su comportamiento a las medidas de seguridad existentes.

Algunas preguntas sobre la teoría de compensación de riesgo son difíciles de responder debido a que los cambios de comportamientos son multidimensionales y difíciles de medir. Pero está claro que arriesgarse es humano.

Para finalizar podríamos citar a Nils Bohlin, cuando hablando de su genial invento en una entrevista en 2002, poco antes de morir dijo, "…cuando la situación es peligrosa, es posible que usted tome tantas medidas de seguridad como pueda, pero cuando la situación nos parece segura, es precisamente ahí cuando tenemos que ponernos en guardia…"
Está claro que estas palabras son válidas tanto para conductores, paracaidistas o excursionistas.



Masticar chicles tiene sus ventajas


Una investigación de la Universidad de Cardiff concluye que masticar chicle ayuda a mantenernos abstraídos durante más tiempo en actividades que requieren concentración mental prolongada, por ejemplo estudiar o en algunos trabajos.
También presenta beneficios en el deporte, veamos porqué.



Este hallazgo de la Universidad de Cardiff se suma a la investigación hecha hace algunos años por científicos japoneses en la que descubrieron que aquellos que mascan chicles tienen un poder de reacción ante estímulos visuales un 7% superior que aquellos que no están masticando chicles.


La investigación japonesa

En el caso japonés, la investigación, contó con la ayuda de 17 jóvenes a los que se les solicitaron que activaran un pulsador en reacción a estímulos visuales que contemplaban ante un monitor de computadora. Cada uno de los participantes realizó el experimento varias veces, en algunos casos mascando chicle y otras veces sin nada en la boca.

Los resultados arrojaron que mascando chicle, el tiempo de reacción de los voluntarios mejoró en un 7%, o expresado en tiempo, un promedio de 36 milisegundos de mejora. Puede ser que esto sea considerado como muy poco tiempo, pero debemos tener en cuenta que en muchos deportes, unos milisegundos son la diferencia entre un jugador promedio o un gran jugador.

Según explicaron los investigadores de la Universidad de Chiba, los movimientos continuos de la mandíbula que hacemos cuando tenemos goma de mascar en la boca estimulan ciertas regiones del cerebro como la corteza premotora (esta área es responsable de lo los procesos de planificación, control y ejecución de las funciones motoras voluntarias).

Al estimular la corteza premotora, se prepara al cerebro para la reacción, los cual contribuye a una mejora del rendimiento motor, o sea el movimiento de la persona.


En el caso de la Universidad de Cardiff

El estudio realizado por investigadores de esta universidad se centra en los potenciales beneficios de masticar chicle durante una tarea de relacionada con la memoria auditiva.

En el estudio participaron 38 individuos separados en dos grupos, un grupo en el cual todos masticaban chicle y el otro que ninguno podía masticar chicle.

Ambos grupos completaron una tarea que incluía escuchar una secuencia de números del 1 al 9 en forma desordenada. Luego se puntuó a los participantes teniendo en cuenta la rapidez y precisión con la que fueron capaces de detectar dicha secuencia de números.

Los resultados mostraron que el grupo de los que mascaron chicle tuvieron tiempos de reacción más cortos, es decir, fueron más veloces, y también resultados más precisos que los del grupo que no mascaron chicle, especialmente hacia el final de la actividad.

Paradójicamente, los del grupo que no mascaron chicle lo hicieron las cosas un poco mejor al principio, pero fueron superados al final. Esto les sugirió a los investigadores que el chicle ayuda a concentrarnos en actividades que requieren vigilancia durante un periodo de tiempo más largo y de manera continua.


Con 10 segundos alcanza...

Además, aseguran que sólo son necesarios 10 segundos de masticación para activar las regiones cerebrales responsables de que se produzca esta mejora en el rendimiento.
Así que según los científicos, la próxima vez que necesitemos mejores reflejos o queramos reaccionar más rápido ante un estímulo, el simple hecho de masticar un chicle nos puede ayudar.



Estamos hechos para hacer ejercicio



Recurrir a la evolución de nuestra especie en la sabana africana es un argumento muy socorrido. Este recurso da una explicación a muchos de los problemas a la civilización moderna. Esos seres del pasado fueron diseñados físicamente por la evolución para sobrevivir en un entorno muy diferente del actual y por eso tendríamos ciertos problemas ahora. Incluso los problemas de relaciones de pareja que tenemos en los tiempos modernos pueden explicarse en parte mirando hacia nuestro pasado africano. En el último siglo nos hemos vuelto sedentarios y obesos, pero esas no son las condiciones bajo las que evolucionamos. Así por ejemplo, si vemos algo de comida tendemos a consumirla, porque en aquella época del pasado cualquier oportunidad de comer no debía ser desaprovechada so pena de perecer y no transmitir nuestros genes.

Nuestra afición por los dulces y grasas vienen también de aquel entonces, cuando estas sustancias eran muy escasas, pero eran tan energéticos como ahora. Tendemos a acumular tejido adiposo para así superar los periodos de escasez. Lo malo es que ahora no hay problemas de escasez de alimentos (en general) y, por tanto, no es extraño que los tiempos actuales el “homo computer” gane sobrepeso y tenga problemas de salud.

Si se hace un análisis de sangre a alguien que pase un poco de hambre se puede comprobar que todos los parámetros son buenos. Parece que estamos pensados para situaciones en las que la comida no sea abundante. Nuestros cuerpos han incorporado adaptaciones evolutivas recientes relacionadas con la invención de la agricultura y ganadería, pero, en esencia, físicamente somos los mismos que una vez corríamos detrás de las gacelas.

Se viene sugiriendo desde hace un tiempo que precisamente estamos diseñados para la carrera de fondo. Por mucho que nos empeñemos en creer que corremos rápido, es fácil darse cuenta que casi cualquier animal a cuatro patas nos gana en velocidad en distancias cortas. Sin embargo, en una carrera de fondo somos muy resistentes, principalmente porque conseguimos no sobrecalentarnos. Esto es además más importante en climas cálidos e incuso el reducido vello corporal también nos ayuda en este sentido (también para reducir el número de parásitos en otra adaptación evolutiva). No podemos ganar a la carrera a una gacela, pero si la perseguimos durante mucho tiempo ésta terminará agotada y la podamos capturar.

Se ha especulado que nuestros antepasados podrían estar incluso días persiguiendo una presa como técnica de caza en un ejercicio de baja intensidad, aunque este punto es controvertido. Por tanto según una teoría, nuestros antepasados eran unos atletas aeróbicos diseñados para cazar, pero lo difícil es demostrar esta teoría y el nivel o intensidad de dicho ejercicio. David Raichlen (University of Arizona), Gregory Gerdeman y otros colaboradores han comprobado positivamente un aspecto de esta teoría. Según Raichlen el problema a la hora de comprobar esta hipótesis es que la mayoría de los mamíferos resistentes al ejercicio aeróbico prolongado son cuadrúpedos y es complicado comparar entre sí.

Si estamos pensados para las carreras de fondo o el ejercicio aeróbico en general, quizás la evolución haya dispuesto de algún incentivo al respecto. Las personas que realizan este tipo de ejercicio con regularidad informan que se sienten más contentas y animadas. Algunos de ellos parecen incluso encontrarse enganchados al ejercicio como un drogadicto a su sustancia. ¿Hay alguna dependencia química en este asunto o sólo se trata de una pose? Hay gente que incluso sugiere que se haga ejercicio para combatir la depresión o el estado de tristeza o desánimo, lo malo es que a las personas en esa situación no les apetece ni lo más mínimo hacer ejercicio de ningún tipo.

Al parecer el estado de ánimo positivo de los atletas se debe a los endocannabinoides que se producen en nuestro organismo de forma natural y que operan sobre los centros de recompensa del cerebro. Estos investigadores se han centrado en este aspecto a la hora de realizar su investigación. Para ello han realizado una comparación entre las respuestas de humanos, perros y hurones al ejercicio aeróbico. Según sus conclusiones los animales que evolucionaron para resistir el ejercicio aeróbico intenso se benefician del efecto de los endocannabinoides, mientras que los otros animales no experimentan placer con dicho ejercicio. La interpretación es que la evolución habría suministrado un incentivo para promover el ejercicio aeróbico en humanos.

Los investigadores tomaron muestras de sangre tanto de los voluntarios humanos, como de perros y hurones antes y después de realizar un ejercicio aeróbico intenso. Analizaron dichas muestras en busca de endocannabinoides y encontraron que en humanos y perros el nivel de anandamina (un endocannabinoide) se disparaba después del ejercicio, mientras que en los hurones eso no ocurría. Los test psicológicos que realizaron esos mismos humanos indicaban además que estos voluntarios estaban más contentos después del ejercicio. Según Raichlen el resultado sugiere que la selección natural puede haber motivado las actividades físicas de alta intensidad en grupos de mamíferos que evolucionaron para realizar este tipo de actividad aeróbica, en lugar de ejercicios de baja intensidad como andar y correr largas distancias.

Por otra parte añade que este resultado tampoco sirve para resolver el problema de obesidad que aqueja al hombre moderno. Según él una persona sedentaria es difícil que deje sus hábitos para súbitamente experimentar las agradables sensaciones del ejercicio físico, porque probablemente no produce suficientes endocannabinoides. Puede que este tipo de personas no sean adecuadas para alcanzar la intensidad de ejercicio necesaria para tener la sensación de recompensa. Sin embargo, sugiere que quizás este tipo de personas pueden ser ayudadas a alcanzar la forma física necesaria como para que puedan cruzar el umbral a partir del cual ya pueden ser motivadas por los efectos positivos de los endocannabinoides. Sugiere además que el ejercicio físico puede ser una solución barata para ciertas condiciones médicas, puede mejorar nuestro estado mental además de los conocidos beneficios para el sistema cardiovascular.