¿Realmente las mujeres muestran más expresiones faciales que los hombres?


Existe un estereotipo que si bien ha cambiado un poco a lo largo de los años, todavía persiste: que las mujeres son más emocionalmente expresivas que los hombres.


caras gestos

Aunque investigaciones anteriores sugieren que las mujeres realmente sonríen más a menudo, un nuevo estudio publicado en PLOS One, ha considerado una mayor variedad de expresiones faciales y encuentra que el patrón de género es más complejo, con algunas emociones mostradas más por los hombres que por las mujeres.
Podría decirse que este trabajo ayuda a revelar no sólo las diferencias en las señales emocionales que los hombres y las mujeres envían a los demás, sino también las diferencias en las emociones que sentimos.

Un equipo de investigadores del "Microsoft Research Lab" utilizó una nueva tecnología automatizada de codificación facial para analizar las expresiones de 2.106 personas mientras miraban un conjunto de 10 anuncios publicitarios en sus casas.


El “Microsoft Research Lab” es un laboratorio que Microsoft posee para realizar investigaciones en varias áreas, que abarcan desde lenguajes de programación o seguridad en internet hasta la interacción de las nuevas tecnologías con el ser humano.

Los participantes fueron personas de cinco países: Francia, Alemania, China, EE.UU. y el Reino Unido. Mientras veían anuncios publicitarios de todo tipo, desde comida a automóviles, sus webcams transmitían imágenes de sus caras a un servidor remoto.


La investigación

Apoyando investigaciones anteriores, las mujeres sonrieron más que los hombres. También participaron más en el "levantamiento de la parte interior de la frente", una expresión que generalmente indica miedo o tristeza. Pero los hombres fruncieron más el ceño. Los ceños fruncidos se toman generalmente como demostración de enojo, aunque los investigadores observaron que en este estudio, podrían haber reflejado también mayor concentración o confusión. No hubo diferencias de género en algunas otras expresiones, incluida la inclinación descendente de las comisuras de la boca, un gesto típico en una situación de decepción o tristeza.

Existe un debate en la psicología sobre la medida en que las expresiones faciales, incluyendo sonrisas y fruncidos, en realidad reflejen emociones sentidas. Por ejemplo, cuando sonreímos, ¿siempre es porque nos sentimos felices? ¿O sonreímos a veces cuando estamos ansiosos?

Pero dadas las investigaciones que sugieren que hay una estrecha asociación entre las emociones y las expresiones faciales, una implicación de los nuevos resultados es que las mujeres son más propensas a sentirse felices y también más ansiosas (o al menos más inclinadas a mostrar estas emociones), y que los hombres son más susceptibles a mostrar emociones cuando se sienten enojados o confusos. Lo que plantea la cuestión de por qué podría ser esto.


Los autores sugieren que, al menos una parte de la explicación, podría estar en las diferentes expectativas sociales y las presiones ejercidas sobre los géneros. Por ejemplo, hay evidencia de que en muchos países, la felicidad se considera más deseable para las niñas que para los niños.

Tal explicación ayudaría a ilustrar por qué las diferencias de género observadas varían en todo el mundo, en consonancia con la idea de que las expectativas sociales relacionadas con el género son menos marcadas en algunos países que en otros.

Hubo algunas claras diferencias geográficas, por ejemplo, las mujeres en los EEUU sonreían más que el resto, mientras que las mujeres en el Reino Unido y Alemania fruncían el ceño menos. Este dato quizás tenga que ver con las expectativas sociales relacionadas con el género, que, como hemos dicho, son menos marcadas en algunos países que en otos.

Una limitación del estudio era el hecho de que los voluntarios sabían que estaban siendo filmados, lo que podría haber influido en sus reacciones. Pero una ventaja importante fue el uso de tecnología de codificación automatizada rápida. Esto permitió la utilización de muchos más participantes y sin que los investigadores tengan que analizar por sí solo cada expresión facial.


Referencia:
http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0173942



Los mitos que hoy criticamos han sido claves para la prosperidad de la especie humana


papa francisco

No es una novedad que los mitos han servido para unir grupos humanos. De hecho, el Homo Sapiens conquistó el planeta gracias, sobre todo, a la singular capacidad humana de crear y difundir ficciones.

Somos los únicos mamíferos que pueden cooperar con numerosos extraños, porque podemos inventar historias, difundirlas y convencer a millones de personas de creer en ellas. O sea, mientras todos creemos en las mismas ficciones, todos obedecemos las mismas leyes y podemos cooperar eficientemente.


La cooperación entre otros mamíferos sociales como los lobos o los chimpancés se basa en el conocimiento íntimo del otro, por lo que nunca podrían cooperar con un gran número de extraños.

Sólo imagine a 50 mil chimpancés dentro de un estadio de fútbol. Ahora, si pone 50 mil personas dentro del mismo estadio, obtendrá redes sociales extremadamente sofisticadas (más aún si todos esos individuos entienden las leyes que rigen ese deporte). Con la economía o las religiones ocurre exactamente lo mismo, los mercados de valores y el cristianismo son invenciones humanas que sólo existen en nuestra imaginación. Pero mientras muchas personas compartan la misma historia, pueden colaborar muy eficazmente. Los seres humanos hemos desarrollado una profunda y perdurable fe en tales mitos, incluso en ausencia de cualquier evidencia que los confirme.

Así que si culpas a internet por inaugurar una nueva era de post-verdad, recuerda que hace siglos millones de cristianos se encerraron dentro de una burbuja mitológica, sin atreverse nunca a cuestionar la veracidad de la Biblia. Millones de musulmanes pusieron su fe incuestionable en el Corán. Tenemos cero evidencia científica de que Eva fuera tentada por la serpiente, o que las almas de los pecadores ardan en el infierno, o que al creador del universo le desagrade la homosexualidad. Sin embargo, miles de millones de personas han creído en estas historias durante siglos.

También soy consciente de que muchas personas pueden estar disgustadas por este punto de vista, pero eso es exactamente el punto. Cuando miles de personas creen en una historia inventada durante una semana, eso es una noticia falsa. Pero cuando mil millones de personas lo creen por mil años, eso es una religión. Tenga en cuenta, sin embargo, que no estoy negando la efectividad o potencial benévolo de la religión. Al unir a las personas, los credos religiosos hacen posible la cooperación humana a gran escala, e inspiran a construir hospitales y escuelas. Adán y Eva nunca existieron, pero la catedral de Burgos sigue siendo hermosa.


Equilibrio entre la verdad, la ficción y la cooperación

Pero las religiones no han sido las únicas que usaron la ficción para cementar la cooperación. En tiempos más recientes, cada nación ha creado su propia mitología oficial, mientras que movimientos como el comunismo, el fascismo o el liberalismo concibieron elaborados credos auto-reforzantes.

Lo cierto es que la verdad nunca estuvo en la agenda del Homo Sapiens. Muchas personas creen que si una ideología o religión representa mal la realidad, sus adherentes la descubrirán tarde o temprano, porque no podrán competir con rivales más perspicaces. Como dijo Abraham Lincoln, no se puede engañar a toda la gente todo el tiempo. Bueno, eso es solo otro mito. En la práctica, el poder de la cooperación humana depende de un delicado equilibrio entre la verdad y la ficción. Si distorsionas demasiado la realidad, de hecho te debilitarás. Por ejemplo, cuando la Unión Soviética adoptó las falsas teorías evolutivas de Trofim Lysenko y castigó cualquier desviación de sus dogmas, paralizó la agricultura soviética y contribuyó al colapso económico del comunismo. Por otro lado, no se puede organizar a masas de personas de manera efectiva sin depender de alguna mitología.

Supongamos que usamos una máquina del tiempo para enviar a un científico del siglo XXI a la Europa medieval. En teoría, su conocimiento debería hacer de él la persona más poderosa. En la práctica, no sería capaz de tomar el poder exponiendo las ficciones de los sacerdotes locales y enseñando a los campesinos sobre la evolución, la relatividad y la física cuántica. Por supuesto, si pudiera usar sus conocimientos de física y química para producir armas y piezas de artillería, podría obtener una gran ventaja sobre el poder dominante. Sin embargo, para extraer hierro, construir altos hornos y fabricar pólvora, el científico necesitaría muchos campesinos trabajadores. ¿De verdad podría inspirarlos explicando que la energía dividida por la masa es igual a la velocidad de la luz al cuadrado?

Por supuesto, la actualidad es bien diferente a la Edad Media. En primer lugar, las ficciones y los mitos se refuerzan hoy no a través de la censura estricta, sino a través de inundar a las personas con información irrelevante, la gente ya no sabe a qué prestar atención.
En los tiempos antiguos, tener poder significaba tener acceso a la información. Hoy, tener poder significa saber qué ignorar.

En segundo lugar, la tecnología hace que las fantasías humanas sean más poderosas que nunca. Dentro de unas pocas décadas, tal vez, se podrá extender la vida humana hasta límites inimaginables hoy o conectar nuestros cerebros a los ordenadores.
Mucha gente espera que la realidad acabe haciendo explotar la burbuja de la ficción, pero en nuestro siglo, dicha burbuja podría terminar absorbiendo la realidad. Como la tecnología hace que los seres humanos sean más poderosos que antes, también hace que nuestras fantasías y mitos sean más potentes que nunca.
En definitiva, si sueñas con una sociedad en la que la verdad reine y los mitos sean ignorados, no tienes mucho que esperar del Homo Sapiens.