viernes, 24 de abril de 2015

De brazos cruzados


Todos hemos escuchado alguna vez que si nos cruzamos de brazos delante de otra persona le estamos enviando un mensaje negativo, algo así como si tratásemos de establecer un espacio entre nosotros y ese individuo. La verdad que cruzarse de brazos puede ser señal de varias cosas diferentes.


brazos cruzados

En ocasiones, los seres humanos interpretamos mal y creamos muchos mitos acerca de los lenguajes corporales, cometemos errores simplistas como aquello de que si cuando hablamos, miramos para otro lado, estamos mintiendo.
Vamos a explorar los momentos más comunes en el que aflora este comportamiento, poco comprendido, pero muy utilizado.


1.) Comodidad

Probablemente haya notado que cruzamos los brazos con mucha más frecuencia en público que en privado. Es muy común hacerlo mientras estamos esperando o escuchando hablar a alguien. Simplemente estamos contribuyendo con nuestra propia comodidad, en cierto modo, es simplemente algo reconfortante para ese momento.


2.) Alivio para el estrés

Cuando estamos estresados, es muy común cruzar los brazos sobre el torso de modo de poder masajear cada brazo con la mano opuesta. Este comportamiento ayuda a calmarnos. Y no sólo no es un comportamiento de bloqueo, sino que sirve para comunicar a otras personas que tenemos algún tipo de ansiedad.


3.) Inseguridad

Algunas mujeres cuando están frente a un hombre y se sienten expuestas, es muy común que crucen los brazos, ya que esto las hace sentirse menos inseguras. Incluso los hombres también pueden hacerlo cuando están frente a otro hombre y se sienten inseguros. Por ejemplo, en el famoso debate presidencial norteamericano de 1960, en determinado momento Richard Nixon cruzó los brazos cuando estaba discutiendo con John F. Kennedy, esto fue interpretado por la prensa como una señal de indecisión e inseguridad.


4.) Miedo o ansiedad

Hablando de inseguridades, cuando estamos asustados o experimentamos altos niveles de ansiedad, cruzamos los brazos para ayudarnos a lidiar con la angustia. Es muy común en estos casos, paralelamente a este acto, también tocarnos el cuello. Es decir, cruzar los brazos luego liberar una mano para tocar el cuello y luego volverla al torso. Esta es una señal inequívoca de ansiedad o angustia.


5.) Tranquilidad o confianza

Muchas veces hemos visto una conversación entre dos individuos en la cual, al menos uno de ellos, está cruzado de brazos con un hombro apoyado en la pared y con las piernas también cruzadas. ¿Puede haber un conflicto entre ellos? La respuesta es no. El tener las piernas cruzadas nos está diciendo que todo está bien entre ellos. El hecho de cruzar las piernas deja a nuestro cuerpo desbalanceado y eso lo hacemos sólo cuando nos sentimos cómodos con la otra persona. ¿Por qué cruza también los brazos? Simplemente para acompasar esa comodidad.


6.) Autocontrol

Utilizamos nuestros brazos cuando estamos molestos, pero sobre todo como una forma de autocontrolarnos, para consolarnos a nosotros mismos. Los niños lo hacen todo el tiempo, por ejemplo, cuando se les exige algo que no quieren hacer, es muy común que crucen los brazos apretando el torso y con las manos haciendo puños, casi como si tuvieran una camisa de fuerza. He observado este mismo gesto en personas adultas en un aeropuerto cuando se les avisó sorpresivamente que se cancelaba su vuelo. Pero una vez más, esto no es un bloqueo de comportamiento, es una forma de autocontrolarse.


7.) Pose de poder

En particular los hombres lo utilizan para verse más grandes, ya que el cruzar los brazos ensancha el torso y la espalda, además de dejar los brazos más visibles. Por ejemplo, es una pose clásica en porteros o vigilantes de discotecas, clubes nocturnos, etc. lo hacen muy a menudo. Al igual que aquellos hombres que quieren intimidar a otros. Es una manera de dar a entender que si hay un problema, es lo suficientemente fuerte como para manejarlo.


8.) Tomar distancia

Cuando estamos cerca de alguien que nos resulta desagradable tendemos a cruzar los brazos, es una forma de establecer una distancia, esto ayuda a crearnos una barrera física y psicológica.


Para terminar

Los estudios demuestran que las personas se sienten un poco más distantes cuando cruzan los brazos, pero esto es más probable si se trata de extraños. Cuando estamos con amigos o compañeros de trabajo, no se reconoce como un comportamiento de bloqueo, de hecho, muchas personas lo observan como una muestra de interés por el tema que se está tratando. Esto nos ayuda a entender que cuando estudiamos los lenguajes corporales tenemos que considerar también el contexto y el ambiente.

Los mitos sobre los comportamientos no verbales abundan y el cruce de brazos es uno de los que está a menudo erróneamente considerado como un comportamiento de bloqueo, cuando en realidad, puede haber una variedad amplia de razones para el mismo.



viernes, 17 de abril de 2015

La verdad de las verdades a medias


Cuando hacemos algo mal, existen dos reacciones típicas y que van en direcciones opuestas. Por un lado es posible que deseemos ocultar los hechos, si nadie se entera podemos hacer de cuenta que nada ha ocurrido. La otra, que queramos confesar lo que hemos hecho mal.


verdades a medias

Sin embargo, también existe la posibilidad intermedia, la verdad a medias. O sea, reconocer que algo se hizo mal pero no admitir toda la extensión de la misma. Obtener el beneficio de la admisión del hecho, pero al mismo tiempo hacer que la transgresión parezca menos grave de lo que ha sido.

Una investigación publicada en mayo del año pasado en la revista “Journal of Personality and Social Psychology” sugiere que decir una verdad a medias es, en realidad, peor que una confesión completa o no confesar nada.


La investigación

La primera parte del estudio consistió en una aplicación tecnológica donde un grupo de personas previamente seleccionadas tiraban una moneda virtual prediciendo antes que cara saldría. Se les pidió a los participantes que tiraran la moneda diez veces, luego se les dijo que reportaran el número de aciertos (se les pagaba un dólar por cada acierto).

Aunque los participantes no lo sabían, sus predicciones y lanzamientos de monedas estaban siendo controlados, por lo que los investigadores sabían si una persona en particular estaba diciendo la verdad o no.
El resultado fue que el 35% de los participantes mintieron en la cantidad de aciertos.

En la segunda parte del estudio, se les dio la oportunidad a los participantes de confesar si habían hecho trampa. Se les informó que no habría consecuencias negativas por admitir el engaño y que cobrarían en base a lo que informaron previamente, aunque ahora aceptaran que habían mentido.
Sólo el 18% de las personas que habían mentido dijo la verdad, pero además, hubo un 10% de personas que habían mentido y que disminuyeron su número de aciertos, pero siguieron sin decir la verdad.

Posteriormente a cada participante se le realizó un test para calificar su estado de ánimo al final de estudio. Como era de esperar, los participantes que no engañaron en ningún momento tenían los niveles más bajos de sentimientos negativos. En segundo lugar estaban los que mintieron y no confesaron en absoluto que habían engañado. Y en último lugar los que primero mintieron, y después a pesar de haber admitido su engaño siguieron sin decir la verdad, éstos fueron los que experimentaron un mayor sentimiento negativo.


¿Por qué las verdades a medias fomentan una mayor negatividad?

¿Por qué decir una verdad a medias genera emociones más negativas, más aún que no admitir nada? Una de las razones principales es que las discrepancias entre lo que pensamos y lo que decimos son a menudo incómodas para nuestro cerebro. Eso provoca que la persona centre más su atención en lo que hizo mal, más incluso que en una mentira no confesada.
Tal vez, otra de las causas es que una confesión completa también ayude al transgresor a olvidar los detalles de lo que hizo mal y de esa forma seguir adelante con su vida.