viernes, 29 de agosto de 2014

El día después de las buenas acciones


buenas acciones

Al poco tiempo que las bolsas de plástico se hicieran muy populares, comenzaron las primeras campañas fomentando su reutilización, desde hace ya unos cuantos años no nos es extraño ver frases del estilo "no arrojar bolsas de plástico ayuda a preservar el medio ambiente". Obviamente la idea es que si tiramos un menor número de estas bolsas, la naturaleza se beneficiará y que además, si estas acciones ejemplares son repetidas por todos nosotros, se puede generar un beneficio inmenso.
Pero con este tipo de acciones, en el ideario popular también está latente otra idea: que un buen comportamiento conduce a un círculo virtuoso, es decir, hacer una buena acción nos induce a un estado mental positivo, lo que nos llevará a hacer más buenas acciones.

Sin embargo y como algunas investigaciones lo han demostrado, la conducta humana no funciona así en absoluto, muy por el contrario, pequeños actos individuales de comportamientos virtuosos, en realidad, nos predisponen a comportarnos peor.

Por ejemplo, una serie de estudios llevados a cabo hace unos años en la Universidad de Yale determinó que los estudiantes que participaban en actividades solidarias y de beneficencia eran más propensos a adquirir artículos de lujo, como ropa de diseño o teléfonos celulares más caros, que aquellos alumnos que no participaban en actividades benéficas. ¿Por qué ocurre esto?
Porque cuando tenemos un comportamiento positivo, de forma inconsciente aumentamos nuestra propia imagen y cuándo posteriormente se presenta la oportunidad de disfrutar de algo más superficial nos sentimos mejor preparados para neutralizar la dosis de autocrítica que a menudo acompaña al comportamiento indulgente, o sea, nuestro comportamiento virtuoso nos otorga cierta inmunidad para posteriormente cometer pequeños pecados.


Zona positiva y zona negativa

Un buen ejemplo de este efecto de "concesión de licencias" es la investigación realizada en un supermercado por el profesor Sam Hui de la Universidad de Nueva York, en la cual se dividieron en zonas toda la superficie del establecimiento, por ejemplo, los sectores donde se encontraban las bebidas azucaradas o los productos ricos en grasas saturadas se catalogaron como "zona negativa", en cambio los sectores donde se hallaban frutas, verduras y demás productos saludables se clasificaron como "zona positiva". Los sectores que no correspondían a ninguna de las dos categorías se les denominaron "zona neutra".
A cada carrito de compra se le colocó un dispositivo de seguimiento, por lo que el movimiento de los consumidores a través del establecimiento quedaba registrado.
El resultado fue que un alto porcentaje de clientes que compraba en una zona positiva tendían a comprar inmediatamente después en zonas negativas.


Como táctica publicitaria

Los publicistas, que parecen conocer muy bien los cerebros de los consumidores, también aprovechan este "efecto", por ejemplo, hace un tiempo la cadena de comida rápida "Subway" para promocionar sus bocadillos de bajas calorías, creó una pieza publicitaria en la cual un marido se levanta de madrugada, enciende la luz de la sala de estar y encuentra a su mujer en el sofá consumiendo una gran porción de helado, en ese momento ella al ser sorprendida "in fraganti" le dice " ...en el almuerzo comí bocadillos Subway" a modo de justificación. No sabemos si Subway vendió mucho con este anuncio, pero lo que queda muy en claro es como se hizo funcionar este tipo de comportamiento.
Sí prestamos atención, es una técnica muy utilizada por los anunciantes, ya que avalar una transgresión después de haber hecho algo "bueno", como hemos visto, es una idea generosamente aceptada por nuestro raciocinio.


Para terminar...

El truco para no caer en esta "trampa" es simplemente ser conscientes de los efectos de nuestras propias acciones. Pequeños actos positivos no tienen porqué actuar como neutralizadores de nuestra autocrítica. Está muy bien no tirar una bolsa de plástico, pero no pensemos que por ello hemos salvado el mundo, en su lugar, aprovechemos esa oportunidad para recordarnos que el verdadero compromiso es en realidad, un proceso de largo plazo.


viernes, 22 de agosto de 2014

Distancias intercambiables: espacio y tiempo


Distancia espacio tiempo

Imagínese que a usted le dicen que dentro de un mes comenzará a trabajar en una empresa que está ubicada a unas pocas calles de su casa. Ahora imagine que le comunican que dentro de un mes comenzará a trabajar en una empresa pero en otra ciudad de la cual reside. ¿En cuáles de estas dos instancias piensa usted que ese mes transcurrirá más lentamente? Según una investigación, el tiempo nos transcurrirá más lentamente si el puesto de trabajo es en nuestra propia ciudad.

Dicha investigación fue realizada en la Universidad de Toronto a fines de año pasado y demuestra como la percepción de la distancia física puede filtrarse en nuestra percepción de los espacios de tiempo. El resultado de esto es la forma en como podemos percibir el paso del tiempo en determinadas situaciones.


El tiempo y la distancia pueden ser intercambiables

El punto de partida de esta investigación es que la mente puede confundir distintos tipos de distancia, esto significa que un valor considerable en un tipo de distancia (por ejemplo la distancia física) puede reducir la sensibilidad en un segundo tipo de distancia (la distancia temporal). Por tanto, seremos más conscientes del paso del tiempo cuando el suceso (el nuevo trabajo) se desarrolle físicamente cerca.

Pongamos un ejemplo al revés: la idea de tener que correr diez kilómetros suena más desalentador si lo tenemos que hacer ahora, que si lo debemos hacer dentro de un año, esto es porque una mayor distancia temporal conduce a una menor sensibilidad, ya que diez kilómetros lucen más extensos en lo inmediato que en un futuro lejano.


Tanto en un punto geográfico distante como en un futuro lejano, existe un retroceso en el enfoque de la experiencia inmediata, lo que conduce a un menor compromiso (con incrementos específicos).

En uno de los estudios, los participantes que completaran una encuesta recibirían una pequeña suma de dinero como premio. Dicho dinero se podía cobrar de dos formas diferentes, mediante un pago online por valor de 50 dólares, la segunda opción consistía en cobrar mediante un pago online de 65 dólares pagados en tres cuotas. Se les comunicó que los pagos eran online debido a que el banco que haría los pagos se encontraba en otra ciudad.
Los resultados fueron que el 71% de los participantes eligieron la segunda opción y el 29% la primera. Normalmente las personas tienen dificultades para trascender el aquí y el ahora a cambio de una recompensa mayor en el futuro (esta es la razón porque nos cuesta tanto ahorrar) pero en este caso una percepción de mayor distancia de la ubicación del banco hizo disminuir la sensibilidad de las personas.

En otro estudio se les solicitó a un grupo de personas que imaginaran que recibían un pase gratuito para un museo que estaba en una ciudad distante 30 kilómetros del lugar donde residían. A la mitad se les dijo que su pase era para dentro de una semana y a la otra mitad se les manifestó que su pase era para dentro de un año. Aquí la distancia se mantuvo constante y lo que varió fue el tiempo.
Los resultados indicaron que, en una escala de 1 a 7, a los participantes que se les indicó que debían asistir en una semana, percibieron los 30 kilómetros como más largos (4,45), que quienes lo debían hacer dentro de un año (3,54).


En base a estas afirmaciones, si usted guarda su dinero en un banco que se encuentra lejos, será menos probable que trate de echar mano de sus ahorros antes, que si el banco está cerca de donde reside.

Para terminar...

Estos resultados proporcionan una visión interesante de cómo los distintos tipos de distancia (espacial y temporal) parecen compartir una medida común profunda en nuestra mente. Los seres humanos tratamos los diferentes tipos metafóricos de “distancia”, como por ejemplo un futuro lejano, de forma muy similar a como tratamos las distancias físicas.


viernes, 15 de agosto de 2014

La libertad y los orígenes de la locura moderna


libertad locura moderna

Los seres humanos que vivimos en la actualidad, al menos muchos de nosotros, lo hacemos en sociedades democráticas, relativamente prósperas y que ofrecen a sus miembros numerosas opciones de vida, opciones que personas que vivieron en otras épocas no tuvieron. Es decir, experimentamos la vida de manera diferente.

Las sociedades modernas como las conocemos hoy, comenzaron a conformarse en la Inglaterra del siglo XVI con una nueva forma de conciencia social que se llamó "nacionalismo", como nuevo marco cultural de modernidad.
El nacionalismo implicaba una realidad social diferente, o sea, una comunidad soberana de miembros relativamente iguales (una nación) y de forma esencialmente democrática. Este nuevo concepto reduce drásticamente la relevancia de la religión y aún cuando las creencias religiosas se adaptaron a este nuevo entorno social, era totalmente diferente, es decir, la conciencia fundamentalmente religiosa y jerárquica, fue quedando relegada en beneficio de una forma de comunidad más similar a cómo viven las sociedades occidentales hoy en día.

Entre otras cosas, esta nueva conciencia moldeó a un nuevo individuo, esto implicó que existía la opción de decidir lo que se quería ser, lo que animó a las personas a darse cuenta, en mayor o menor medida, del concepto moderno de libertad, o sea, impulsó al individuo a tener derecho a definir su propia identidad.


Los costos de la libertad

Por desgracia, todos estos beneficios vinieron acompañados de costos imposibles de ignorar, el hecho de asumir un nuevo estatus de libertad individual puede dar forma a una identidad individual problemática, es decir, un miembro de una nación puede no saber reconocer su papel en la sociedad como lo haría una persona que creció en un orden esencialmente religioso, no igualitario, donde la posición social de los individuos estaba ya definida desde su nacimiento.

El individuo moderno debe decidir quien es, debe construir su propia identidad. Esta nueva cultura ya no proporcionaba a las personas una orientación coherente, por el contrario, proporcionaba una orientación inconsistente solamente guiados por el entorno cultural, que de hecho puede resultar bastante desconcertante.
Dicha insuficiencia sociocultural se denomina "anomia" y es reconocida como uno de los problemas de las sociedades modernas.


Para muchas personas la necesidad de construir una identidad propia, o sea, de elegir que hacer con uno mismo se convirtió en una carga insoportable.

Al mismo tiempo que la sociedad inglesa se redefinía como una nación, comenzaron a aparecer una variedad hasta ese momento desconocida de enfermedades mentales y a diferencia de las enfermedades mentales ya conocidas, éstas se expresaban en grados de trastornos y disfunciones de los cuales los síntomas más comunes eran la inadaptación social, la incomodidad crónica con uno mismo, el odio a si mismo, la megalomanía y el desinterés total de su propia existencia. En particular estos padecimientos se expresaban con una anormal excitación extrema y/o una tristeza paralizante.

La esencia del nuevo desorden era su cualidad ilusoria, o sea, la incapacidad de distinguir entre el mundo interior y el exterior. No es casual que frases como "perder la razón" (losing one’s mind) o "no ser uno mismo" (not being oneself) tienen su origen en la Inglaterra del siglo XVI, como forma de definir esta forma de desadaptación e incapacidad social.


Este tipo de trastorno (al menos con la frecuencia que se aprecia en los últimos siglos) se puede decir que es un fenómeno reciente para la raza humana.

Ninguno de los términos del extenso vocabulario médico de la época (que incluía a numerosas categorías de enfermedades mentales) era aplicable a esta la nueva enfermedad, tampoco podía ser tratada con los mismos medios con que se atendían las enfermedades mentales conocidas hasta ese momento. Por tanto se requiere un nuevo término, se la llamó "locura" (madness), muchas de las personas diagnosticadas con este mal son internadas en el Hospital de Bedlam, el primer hospital psiquiátrico de Europa, es precisamente allí dónde se hacen los primeros estudios referidos a la especialidad médica que posteriormente se llamará "psiquiatría" y hasta se realizó una legislación especial en relación a esta nueva enfermedad.

Recién tres siglos más tarde será clasificada en los distintos síndromes de la esquizofrenia y los trastornos afectivos o de estado de ánimo (los depresivos y los bipolares).


viernes, 8 de agosto de 2014

¿Por qué la promiscuidad está socialmente mal vista?


promiscuidad sociedad

Lo cierto es que los seres humanos estamos adaptados biológica y psicológicamente a una muy variada gama de relaciones: relaciones de corto y largo plazo, circunstanciales, más comprometidas, menos comprometidas, monogamia, poligamia, etc. Es decir, somos bastante pluralistas a la hora del sexo. Dichas estrategias de apareamiento las elegimos de acuerdo con nuestro género, atractivo físico y las características determinadas por nuestro entorno sociocultural. Esta flexibilidad nos permite una considerable diversidad en las estrategias de apareamiento.

A pesar de ello, al ser seres intensamente sociales y morales, las personas a menudo no nos conformamos con simplemente elegir la estrategia de apareamiento que mejor se adapte a nosotros. Frecuentemente, también tenemos la tendencia a emitir juicios sobre el comportamiento sexual de los demás. En este sentido la promiscuidad ha tenido históricamente una dura desaprobación, algunos lo atribuyen a la influencia de la iglesia que históricamente ha sido una potente promovedora de la moral sexual. Pero explicar la moralidad sólo en términos religiosos sonaría superficial y si queremos analizar esto desde un punto de vista científico, lo más racional sería encontrar una respuesta en nuestra historia evolutiva.


La promiscuidad en nuestra historia

Hace un tiempo, el psicólogo Nicholas Pound de la Universidad Brunel de Londres publicó en la revista "Archives of Sexual Behavior" una teoría basada en conceptos evolutivos de certeza de paternidad e inversión parental. Dichos conceptos se refieren a que en los entornos sociales dónde la mujer es más dependiente económicamente de su pareja, la gente tiende a condenar la promiscuidad con mayor severidad.

En las sociedades dónde las mujeres son más dependientes de los hombres, estos últimos deben proporcionar los recursos para sus hijos (inversión paterna), o sea que tanto madres como padres tienen mayor interés en que los padres puedan identificar a los hijos como propios. La promiscuidad debilita esta certeza de paternidad, por consiguiente, es más condenada en ambientes de mayor dependencia femenina.

Un equipo de la Universidad Brunel puso a prueba esta hipótesis mediante dos estudios paralelos y constató que en las comunidades donde la mujer gana mejores salarios, la actitud hacia la promiscuidad es más relajada. En el otro extremo, se encontró que en los ambientes dónde las mujeres eran más dependientes económicamente, la promiscuidad estaba peor vista.
Según el estudio, esta relación entre la dependencia económica de la mujer y la moral anti promiscuidad se mantuvieron incluso después de incluir otros factores que influyen en la moral sexual, como el conservadurismo político y la religión.
Por otra parte, la actitud hacia la promiscuidad estaba específicamente relacionada con los ingresos de la mujer, no con los ingresos del hombre.


La dependencia económica femenina es el factor más poderoso contra la tolerancia a la promiscuidad, mucho más que la religiosidad o los conservadurismos políticos.

Estas conclusiones nos muestran cómo la gente juzga el comportamiento sexual de los demás en diferentes entornos sociales, en las comunidades donde las mujeres ganan menos, la gente es más hostil hacia comportamientos que son percibidos como promiscuos, como la poligamia, la homosexualidad, etc. En dichos ambientes, muchas personas tienden a pensar que las personas promiscuas merecen cualquier problema que les suceda. Por ejemplo, si se percibe que un embarazo es producto de un comportamiento promiscuo, es probable que se catalogue como un castigo.

Quizás estos resultados expliquen porqué la iglesia tiene una posición tan negativa con respecto a la promiscuidad: porque justamente la iglesia prolifera en ambientes donde existe una alta dependencia económica de la mujer.


viernes, 1 de agosto de 2014

¿Son las grandes organizaciones empresariales un fallo de la evolución humana?


Si tenemos en cuenta la historia del hombre sobre la tierra, las grandes sociedades empresariales son algo muy reciente para el ser humano... y para algunos científicos, además, son un desajuste evolutivo. Veamos por qué.


empresa evolución humana

Si hay algo que caracteriza al ser humano es que no es inmune a sí mismo, a lo largo de nuestra evolución hay claros ejemplos de que, en algunos casos, el medio ambiente que hemos construido puede no estar diseñado de manera óptima para nosotros.
Hace un par de semanas hablamos de algunos desajustes evolutivos que tiene nuestro cerebro y seguramente sigamos indagando en el tema porque hay muchos más. Por ejemplo, la pandemia de obesidad que se vive en las sociedades occidentales actuales, producto de que nuestro cerebro "aprendió" a sentir ganas de comer alimentos ricos en azúcar y grasas saturadas, desconocidos para nuestros antepasados lejanos.


Multinacionales, crisis y estrés

Muchos psicólogos evolutivos piensan que las grandes organizaciones empresariales son parte de ese desajuste evolutivo también. Echemos un vistazo a estas cifras: las investigaciones arrojan que las direcciones de las grandes empresas tienen un nivel de fallo de entre un 35 y un 50%, o sea, que estas organizaciones están lideradas por individuos que cometen demasiados errores. Y otro dato es que las encuestas empresariales reportan que la parte más estresante del trabajador de una gran organización, es la interacción con la jerarquía superior inmediata, o sea, su supervisor.

Estos datos nos dan la pauta de que tal vez estamos siguiendo a personas a las que nuestros antepasados no necesariamente hubiesen tenido la necesidad de seguir. Este desajuste en el liderazgo no es realmente sorprendente, ya que nuestros cerebros evolucionaron en sociedades familiares pequeñas, sencillas y dónde había un líder notorio y visible y ahora de repente tenemos que interactuar a diario con completos extraños en organizaciones jerárquicas enormes, que involucran a miles de personas.

¿Cómo resolver este desfase evolutivo que significan las grandes organizaciones? Quizás no nos quede otra alternativa en el sentido de que la selección darwiniana haga su trabajo, de manera que nuestra mente se adapte poco a poco a las nuevas realidades organizativas, pero este proceso podría tardar millones de años. Una buena solución podría ser rediseñar nuestras organizaciones para que sean más acordes con nuestra historia evolutiva. En tal caso veamos cuatro ejemplos que deberíamos tener en cuenta:


a) Lo pequeño vale oro: ¿Es sorprendente que en prácticamente todo el mundo las empresas familiares y microempresas estén floreciendo a pesar de la crisis actual? Sin dudas que no, nuestros cerebros evolucionaron en grupos reducidos unidos por un control social informal. Las organizaciones pequeñas significarán menos jerarquía, menos control formal y más énfasis en el trabajo de equipo.

b) El problema de los mandos medios: Nuestros cerebros no están preparados para recibir órdenes de personas que no están en la parte alta del grupo y menos aún cuando las órdenes son trasmitidas a través de una gran cadena organizativa. Es por eso que no nos gustan los mandos medios. Para algunos psicólogos, la autoridad jerárquica multinivel es un gran desajuste evolutivo.

c) Falta de liderazgo: En las grandes organizaciones modernas ante la falta de liderazgo se hace hincapié en los métodos, en la gestión y en los objetivos como forma de convencer o seducir a las estructuras jerárquicas más bajas. Esto no está en consonancia con el liderazgo de los ambientes ancestrales en dónde sólo se seguía a determinada persona en función de sus cualidades personales y su carisma. O sea, si no puedo persuadir no puedo ser líder.

d) Evitar líderes tiránicos: Durante la mayor parte de nuestra historia los desafíos fueron físicos (caza, defensa del grupo, etc.) debido a ello, la mayoría de las personas buscaban la protección de líderes de tipo agresivo-dominante, pero también es sabido que el grupo, por lo general, ejercía cierto control sobre dicho líder, que sabía que una revuelta o la expulsión del grupo era equivalente a una muerte casi segura. Esto ya no es así, en las organizaciones modernas no es nada fácil expulsar a los líderes tiránicos. Hoy en día, dónde los costos de un conflicto son inmensos, tales líderes hacen más mal que bien. Hay una frase que dice: si elegimos guerreros para guiarnos, no nos quejemos de que vivamos siempre en guerra.


viernes, 25 de julio de 2014

Estrategias de la mente: cuando el peligro y el miedo no se corresponden


El miedo es la forma que tiene nuestro cerebro de prepararnos ante una situación de peligro, esto nos puede hacer pensar que el miedo y el peligro están siempre estrechamente relacionados, la realidad marca que no en todos los casos es así.


mente peligro miedo

En algunas ocasiones nos ocurre que sentimos mucho miedo cuando en realidad hay poco riesgo real, por ejemplo cuando subimos a un avión, como contrapartida hay situaciones en las que hay un riesgo sustancial y sin embargo no sentimos miedo, por ejemplo al conducir a gran velocidad o fumar.


La habituación al peligro

Durante la Segunda Guerra Mundial, Londres y otras ciudades inglesas fueron bombardeadas repetidamente por la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana. Los ataques comenzaron el 7 de septiembre de 1940 y se prolongaron hasta el 16 de mayo del año siguiente. Lo que podríamos suponer es que durante ese período, los londinenses habrán vivido paralizados por el terror, sin embargo no fue así, terminaron acostumbrándose al sonido de las sirenas anunciando los ataques, correr hacia los refugios antiaéreos se convirtió en parte de la vida diaria.
Lo que los teóricos de la guerra nazis habían pronosticado, que el pánico por la devastación aérea sumiría a los habitantes de la ciudad en el terror y el caos, no ocurrió.

¿Por qué no sucumbieron los londinenses ante los temibles ataques aéreos? Las personas que viven expuestas diariamente a una situación de extremo peligro, finalmente se acostumbran a través de un proceso llamado habituación, que requiere una exposición regular y frecuente a un estímulo. En cambio, la exposición poco frecuente al miedo conduce a lo opuesto: la sensibilización. La sensibilización es cuando la respuesta a un estímulo es más intensa de lo normal.

Algunos científicos llaman a esto "ojo del huracán psicológico" y en esencia se refiere a que las personas que viven en el epicentro de zonas de riesgo, por lo general, son más propensas a subestimar los riesgos que quienes viven más alejados de ese lugar.


Una investigación hecha en Francia que se refería a vivir en las proximidades de un reactor nuclear, resultó que quienes vivían más cerca del reactor sentían menos ansiedad sobre el potencial peligro que quienes vivían más lejos, que tendían a ser más temerosos por el riesgo.

De las diferentes teorías de porqué ocurre este fenómeno la más probable es la "disonancia cognitiva". Por ejemplo, la posibilidad de devastación de una zona crea una sensación de peligro, sin embargo hay personas que, contradiciendo a su instinto de supervivencia, pueden no tener más opciones que permanecer en ese lugar. Para reconciliar esta situación incompatible, en forma inconsciente la mente del individuo disminuye la sensación de peligro, para de esta manera justificar la permanencia en ese lugar.


El concepto de disonancia cognitiva se refiere al estrés que genera una persona en su sistema de emociones al tener simultáneamente dos ideas o creencias que están en conflicto, lo cual impacta en su comportamiento.

Vemos al miedo como algo desagradable y limitante, sin embargo es la mejor respuesta que tenemos ante un cometido fundamental: mantenernos con vida frente a un potencial peligro. A pesar de ello e independientemente de este mecanismo, es interesante saber que nuestro cerebro a veces utiliza estrategias inconscientes e insospechadas para afrontar distintas situaciones, inclusive relegando a nuestro instinto de supervivencia, que evolutivamente hablando, es el patrón de comportamiento adaptativo más desarrollado que poseemos los seres humanos.


sábado, 19 de julio de 2014

4 ejemplos del desajuste evolutivo que tienen nuestros cerebros


Pensemos que el ser humano ha existido durante los últimos 5 a 7 millones de años y que la inmensa mayoría de ese período la hemos vivido como cazadores-recolectores, eso hasta hace unas decenas de miles de años que nos organizamos en comunidades agrícolas. Si bien el estilo de vida agrícola era socialmente más dinámico, poco se parecían a las sociedades globalizadas del siglo XXI.
Esta situación, sin dudas que ha dejado un desajuste evolutivo que se manifiesta de muchas maneras, hoy veremos algunas.


desajuste evolución cerebro

Consideremos que durante millones de años en los cuales nuestros antepasados vivieron en aquellos entornos, el cerebro humano tuvo un montón de tiempo para acumular adaptaciones beneficiosas para aquellos ambientes. A estas adaptaciones habría que añadirle las numerosas preexistentes antes que el ser humano entrara en escena, por ejemplo, los millones de años antes de que los homínidos se separaran de los primates.
En este gran esquema evolutivo, los pocos miles de años en los que hemos vivido en un contexto más “moderno” no han alcanzado para desactivar aquellas adaptaciones. El resultado de ello es que todavía llevamos cerebros que están diseñados para hacer frente a los muchos problemas de aquellas sociedades primitivas.

La ciencia se ha basado en este desajuste para explicar algunas patologías, por ejemplo, por qué las personas que viven en sociedades industrializadas muestran una mayor frecuencia de problemas de salud mental que los individuos de las sociedades de cazadores-recolectores. Otros resultados de este desajuste son por ejemplo, los trastornos de déficit de atención, la obesidad y algunos otros más sutiles o que se refieren al manejo del funcionamiento social, veamos 4 ejemplos simples de la vida diaria.


1.) La política

Una característica importante en el estilo de vida de las sociedades de cazadores-recolectores fueron sus organizaciones sociales. Los grupos normalmente estaban formados por pocos individuos, los cuales estaban estrechamente relacionados entre sí, sin dudas que el cerebro humano se adaptó para crear estrategias sociales en ese contexto.
Hoy en día, las comunidades con las que interactuamos son enormes, los científicos creen que este efecto produjo un desajuste con resultados improvisados, uno de los sectores de relaciones humanas que está fuertemente afectado por estas limitaciones es la política. La política moderna consiste en la creación de estrategias que afectan directamente a millones de personas. Estos niveles de población no existían en el ambiente ancestral.
Investigaciones actuales muestran que incluso hoy en día nuestras mentes modernas no son mucho más expertas que las antiguas en la comprensión de la política a pequeña escala. Análisis de escritura han hallado que cuando la gente escribe acerca de la dinámica de grupos pequeños, el lenguaje es mucho más fluido y natural, en cambio el lenguaje para hablar de política a gran escala por lo general suena ensayado, torpe y presuntuoso. Si bien podemos entender en un nivel intelectual las dimensiones de la cantidad de gente que abarca una política a nivel nacional o global, carecemos de este entendimiento en su forma más intuitiva, ya que nuestros antepasados nunca lo necesitaron.


2.) El interés por los famosos

Durante muchos años a los científicos les causó cierta intriga el interés que despierta la vida de las celebridades en el resto de los mortales. Una parte de la población ansía y busca este tipo de información. Si bien existe una fascinación por este tipo de noticias, al mismo tiempo sabemos que no nos concierne en lo más mínimo, que es una pérdida de tiempo.
Hay que asumir que esta banalidad no habría sobrevivido al filtro evolutivo, nuestros antepasados hubiesen estado poco interesados en noticias irrelevantes y se habrían centrado en los que les era realmente importante. Pero también sabemos que este tipo de información no existía en aquellos días, la información social estaba casi exclusivamente relacionada a la supervivencia del grupo.
Algunos psicólogos evolutivos creen que es probable que nos preocupemos por este tipo de información porque nuestros cerebros aún interpretan los datos de estas personas como una información cercana a nuestro entorno social.
Nuestros antepasados estaban diseñados para tener interés de toda información social, porque en aquellos tiempos toda información social era vital. Quizás esa sea la causa de por qué hoy en día cualquier información social (incluida la más banal y superflua) sea suficiente para excitar nuestro sistema de recompensas del cerebro.


3.) Percepción de peligro

Ya hace muchos miles de años que no vivimos en la sabana africana luchando con animales salvajes para poder comer, pero en determinadas circunstancias tendemos a creer que nuestra vida está en peligro mucho más de lo que realmente está. Por ejemplo, es muy habitual que en los días posteriores a un accidente aéreo, se cancelen algunos pasajes producto del miedo de algunas personas. Eso no tiene sentido, los individuos que cancelan los viajes por esta causa seguramente sigan haciendo su vida normal, conduciendo sus coches (el riesgo de morir manejando es muchísimo mayor que morir en un accidente aéreo). De hecho hay actividades cotidianas que representan un riesgo estadísticamente alto, cruzar una calle por ejemplo.
Mientras que la mente racional sabe que las probabilidades de morir en un accidente de avión son de 1 en 10 millones, el cerebro no está adaptado para entender estas probabilidades tan minúsculas y la respuesta es una exagerada percepción de peligro.


4.) Apostar en juegos de azar

Una vez un matemático dijo que la lotería es el impuesto a la estupidez.
Por cada apostador que gana un premio relativamente bueno en la lotería, hay millones que no ganan nada por lo que científicamente hablando, no es una buena idea apostar (ni en la lotería ni en ningún otro juego de azar).
Aquí entra a tallar un mecanismo mental que es el siguiente: El conocimiento racional de que no vamos a obtener el premio sólo influirá en nuestro comportamiento, si el estrés resultante de correr el riesgo supera a la excitación impulsada por la recompensa.
La clave está en que este mecanismo se desarrolló en nuestra mente en épocas dónde la recompensa generalmente era comida o apareamiento y las poblaciones eran más pequeñas, por tanto las probabilidades eran mayores.
En definitiva, los países obtienen una enorme fuente de ingresos aprovechando este desajuste evolutivo de la población.