viernes, 23 de enero de 2015

Nuestra atracción por el miedo previsible


Nuestro cerebro reacciona de manera muy diferente ante el miedo circunstancial que ante el miedo previsible, veamos por qué.


miedo previsible

Imagínese que usted va caminando por la calle a altas horas de la noche, cuando de repente un individuo sale de las sombras con un cuchillo y le exige que le entregue el dinero.

Cuando tenía unos 15 años, algo que hicimos en alguna oportunidad con un grupo de amigos fue ir por la noche a un cementerio cercano para ver si podíamos observar algo "fuera de lo común", particularmente la primera vez teníamos un gran susto, sin embargo, repetimos la experiencia algunas veces más.

Estas dos situaciones, el atraco o ir a un cementerio a medianoche nos generan temor, sin embargo, la primera no nos gustaría vivirla y la segunda, de hecho, fue repetida varias veces. Se podría opinar que en el atraco hay un riesgo real de vida y en el cementerio no. En ese caso, también podríamos hacer la comparación con los deportes extremos, aquí sin dudas que hay un riesgo de vida. ¿Cuál es el porcentaje de salir vivo de un atraco y cual es el porcentaje de salir vivo de un salto base?... sin embargo, por el primero sentimos rechazo y no quisiéramos que nos ocurra, en cambio, el segundo quien lo practica probablemente lo repetirá.


A nuestro cerebro le gusta el miedo previsible

¿Por qué nuestro cerebro reacciona de forma tan diferente ante una situación de miedo circunstancial y a una situación de miedo previsible, o sea, un evento en el que sabemos que vamos a sentir temor? La respuesta tiene que ver con nuestro sistema límbico, que es el circuito emocional del cerebro. En esencia, el sistema límbico comprende las regiones del cerebro que están conectadas al hipotálamo, que es quien controla la respuesta del cuerpo al estrés. Así que cuando usted ve al hombre con el cuchillo, el hipotálamo da la señal de "lucha o huida" es decir, aumentar la respiración, acelerar los latidos del corazón, dilatar las pupilas, etc.
Curiosamente, cuando sentimos una emoción el hipotálamo provoca la misma reacción fisiológica, pero con una pequeña diferencia:


Cuando asimilamos que estaremos ante una situación que nos va a provocar miedo, se activa el centro de recompensas del sistema límbico: el núcleo accumbens. Por lo tanto, el hecho de saber que estamos a punto de sentir miedo nos puede llegar a resultar agradable. Esto se debe a que la estimulación del nucleo accumbens libera dopamina.
En cambio, si el miedo es impredecible, el núcleo accumbens no se activa.

Hay muy poca diferencia fisiológica entre el miedo y la emoción. Cuando una persona pasa por una situación que le provoque miedo pero que finalmente nada malo le ocurre, entonces es muy fácil confundir la sensación de miedo con la de emoción, y creer que en realidad no era miedo sino que estuvo en un estado de excitación todo el tiempo.


Para terminar...

No nos gusta el miedo en sí, nos gusta el miedo predecible, nos enciende el sistema límbico y nos hace sentir más vivos. Para muchos investigadores, el éxito de las películas de terror, de las montañas rusas, de los deportes extremos o de Halloween tienen mucho que ver con este efecto de nuestro cerebro.


viernes, 16 de enero de 2015

Reciclado neuronal: la evolución de la lectura


Los seres humanos hemos hablado, o al menos emitido sonidos con la boca, desde los albores de la especie, es decir, unos 250 mil años. Con la evolución, el cerebro se ha ido programando para el lenguaje, por ejemplo, regiones como la Broca y el área de Wernicke se han ido moldeando para el habla.



El lenguaje también ha invadido otras áreas del cerebro, un ejemplo es el cerebelo, que coordina los movimientos de las piernas al caminar y además supervisa la coordinación rítmica de las sílabas cuando hablamos. Es decir, la evolución fue reprogramando el cerebro humano para el habla.

La lectura, en cambio, es algo completamente distinto. Casi todos nosotros podemos aprender a hablar en nuestra lengua materna sin esfuerzo, como parte normal del crecimiento. Pero aprender a leer es una tarea difícil, de hecho, mucha gente adulta apenas sabe leer o directamente no sabe.
Esto ocurre porque la lectura es un acto muy poco natural para el ser humano, la escritura es un invento reciente que se remonta a unos pocos miles de años, un abrir y cerrar de ojos en nuestro tiempo evolutivo.

Ya que no hay una historia evolutiva para la lectura, está claro que el cerebro no pudo ser "cableado" para el procesamiento de esta tarea. Es por ello que para leer y escribir hacemos uso de áreas del cerebro que realizan otras funciones y que han sido "reeducadas" para procesar dichas acciones.


Lectura y procesamiento visual

Si bien los distintos sistemas de escritura pueden representar el lenguaje a nivel de una palabra, una sílaba o un fonema (sonido del habla), todos son similares en cuanto a los símbolos que utilizan, o sea, todos los sistemas de escritura constan de caracteres que se componen de curvas y líneas en diferentes direcciones, en otras palabras, las letras son dibujos lineales.


Debido a que los seres humanos no estamos naturalmente programados para la lectura, los sistemas de escritura se ajustaron a la forma en que el cerebro procesa la información visual. Es por ello que el cerebro interpreta las primeras letras como objetos visuales, no lingüísticos.

El proceso inicial de dicha información visual es la detección de los bordes, es uno de los primeros pasos que da el cerebro para distinguir los diversos objetos (incluidas las letras), este proceso se produce en la corteza visual primaria que se encuentra en el lóbulo occipital, en la parte posterior de la cabeza. Asimismo, el cerebro también necesita almacenar la información sobre el sistema de escritura aprendido: lo hace en un área llamada giro fusiforme, la misma que procesa los estímulos visuales complejos.

No está del todo claro como funcionaban exactamente estas áreas del cerebro miles de años antes que los humanos empezáramos a leer y escribir. En cualquier caso, los sistemas de escritura seguramente se valieron de símbolos similares a los tipos de información que estas áreas originalmente procesaron.

Esta incorporación de una región específica del cerebro para su utilización en otra función se conoce como reciclado neuronal. O sea, un área del cerebro que originariamente fue diseñada para determinado cometido, se puede reajustar para realizar una función similar. Es el mismo reciclaje neuronal que nos da la capacidad de, por ejemplo, aprender a tocar un instrumento musical, manejar un coche y todo tipo de comportamientos complejos nuevos que nuestros cerebros no están previamente programados para realizar.


viernes, 9 de enero de 2015

Nuestro cerebro ante un error: aprender o negar


Está claro que nadie quiere cometer errores, pero según como reaccionemos después de "meter la pata" será la diferencia entre aprender o no, de dicha equivocación.


cerebro error aprender

Una investigación realizada por el Instituto de Neurociencias de la Universidad de Princeton utilizó a un grupo de médicos para que tomaran decisiones sobre que medicamento prescribir ante una patología dada. En el estudio, los médicos recibieron la información inmediata sobre si habían tomado la decisión acertada o no, y a aquellos que habían fallado, se les dio una segunda oportunidad teniendo en cuenta la nueva información obtenida. Todo el procedimiento se realizó utilizando imágenes de resonancia magnética.


2 respuestas típicas

Los investigadores encontraron que hay dos respuestas cerebrales típicas ante los errores.

La primera se parece a un "llamado de atención", el cerebro pone el foco en el resultado negativo y lo trata como un problema que hay que resolver. El cerebro también aumenta su atención durante la próxima decisión, seguramente para evitar que se repita el error. Cuando esto sucede, las personas son mucho más propensas a mejorar su rendimiento.

La segunda respuesta es como si el cerebro se encerrase en si mismo, decide no pensar en el error. Esto seguramente se produce por dos razones: para no sentirse mal y para no dudar de sus capacidades. Lo interesante de esto es que los médicos que actuaron de esta manera, aumentaron de forma considerable su atención cuándo la información fue positiva, es decir, cuando se les informó que habían tomado la decisión correcta.

Los investigadores creen que esta última postura evidencia un sesgo de confirmación: solo prestar atención a la información que es consistente con nuestras propias creencias. El problema es que cuando esto sucede las personas no aprenden de sus errores (o aprenden mucho menos), por tanto, su nivel de capacitación será inferior.


Dos datos interesantes

Durante el estudio se encontraron algunos datos interesantes sobre cuales personas estaban más predispuestas a prestarle más atención a un error.

1.) Los profesionales que asumieron en un cuestionario previo que la inteligencia es maleable (se aprende mediante la práctica, no por talento innato) prestaron más atención a los errores. En cambio quienes tienden a creer que la inteligencia es fija (eres bueno en algo o no lo eres) dieron menos importancia a los errores.

2.) Los médicos más experimentados fueron notoriamente menos propensos a dar importancia a los errores.


¿Qué lección nos puede dejar esto? Cuando se comete un error y recibimos información crítica, piense en ello como una oportunidad de aprendizaje y que en estos casos si usted está dispuesto a reconocer la equivocación, seguramente este paso lo lleve posteriormente a asimilar más conocimiento.


viernes, 2 de enero de 2015

La ciencia del último esfuerzo


Hace sólo unos meses, a fines de septiembre, el maratonista keniano Dennis Kimetto hizo la carrera de su vida, fue en el maratón de Berlín. Su impresionante ritmo le permitió dejar atrás a su compatriota Emmanuel Mutai para llegar en solitario a la línea de meta e imponer un nuevo record mundial: 2 horas 2 minutos y 57 segundos para los 42,195 kilómetros.


ciencia esfuerzo

La actuación de Kimetto fue un logro notable y demuestra como el cuerpo humano se empuja a si mismo continuamente hacia el límite. Además, hay que resaltar un hecho extraordinario: si bien Kimetto corrió a un ritmo increíble durante toda la carrera, a falta de 2 km para la meta comenzó a correr aún mucho más rápido. De alguna manera, se había aprovechado de una reserva de energía sin utilizar de su cuerpo, lo que fue crucial para imponer el nuevo record.


El último esfuerzo

Lo que generalmente creemos que es el límite de nuestra capacidad para un esfuerzo extremo es la resistencia física de nuestros cuerpos, específicamente la capacidad de nuestro sistema cardiovascular para proporcionar oxígeno y combustible a los músculos. Sin embargo, existe un comportamiento que podemos observar, sobre todo, en deportistas de elite en momentos críticos: tener un rendimiento excepcional cuando parece que ya no deberían quedar fuerzas.

Esto ocurre porque los seres humanos tenemos un mecanismo de auto limitación de reserva de energía, no importa el tipo de esfuerzo que estemos realizando. Nuestro propio cuerpo nos impide alcanzar el máximo potencial ya que poseemos una porción de energía que nunca utilizamos, salvo que el cerebro inconsciente decida lo contrario.

Pero ¿por qué tenemos este mecanismo de reserva? ¿No sería mejor ser capaces de correr tan rápido como sea posible o tener la máxima fuerza siempre que quisiéramos? Una explicación podría ser que si consiguiéramos una fuerza o velocidad del 100% cada vez que quisiéramos, probablemente terminaríamos heridos o lesionados, por tanto, la naturaleza nos ha dotado de esta protección. Pero existe otra razón no menos importante.


Resistencia y emociones fuertes

¿Qué sentido tiene tener fuerza, velocidad y resistencia adicional si no podemos usarla conscientemente? La respuesta está en los innumerables casos de individuos levantando vehículos posteriormente a un accidente o personas que consiguieron sacar de un incendio a un ser querido que jamás imaginaron que podrían alzar. La única regla inalterable es que sólo las emociones más fuertes (miedo intenso, rabia brutal o feroz competencia) pueden accionar este mecanismo.

La lección de esto es que todos poseemos esta reserva energética oculta, pero que sólo la experimentaremos en una situación de necesidad desesperada. La circunstancia podría ser un evento que ponga en riesgo nuestra vida o la de un ser querido, como un incendio, un accidente automovilístico o el ataque de un desconocido. O podría ser también algo más agradable, como tener a la vista la línea de meta y te encuentres cerca de establecer un nuevo récord mundial.


viernes, 26 de diciembre de 2014

El llanto del final feliz


El psicoanalista Joseph Weiss realizó muchas contribuciones importantes a la psicoterapia y al psicoanálisis, tal vez uno de sus aportes más simples y a su vez más interesantes fue su concepto plasmado en su artículo "el llanto del final feliz" en 1952.


llanto final feliz

Weiss intentó explicar por qué ocurría que la gente lloraba en los finales felices de las películas. Comúnmente mirando una película podemos ver peligro, muertes, tragedias, pero en lugar de llorar en esos momentos los espectadores son más proclives a derramar una lágrima cuando el final representa alguna forma de reconciliación, reencuentro o resolución de cierta manera exitosa. ¿Por qué el espectador no llora en el momento que se está produciendo una tragedia y sí cuando los eventos se resuelven de una forma satisfactoria?


El concepto de seguridad

En realidad, los seres humanos somos bastante reticentes a expresar sentimientos apropiados a una situación dolorosa o peligrosa mientras dicha situación se está desarrollando, por el contrario, cuando la situación concluye, allí si nos sentimos más seguros de expresar lo que, en realidad, estuvo allí todo el tiempo.

Un paralelo a esto podría ser la experiencia de estar en un ambiente extremadamente frío y posteriormente entrar a una casa cálida. Es ahí cuando más nos ponemos a temblar y a decir lo frío que está afuera. Esto es así porque cuando alguien está en una situación de peligro, la prioridad de la mente es sobrevivir y dominar ese peligro, las emociones se reprimen para posteriormente emerger cuando el peligro ha pasado.

Una versión extrema de este fenómeno sería las personas con estrés post-traumático. Imaginemos una prolongada y amenazante situación de peligro en la que un individuo se ve totalmente impotente. Para sobrevivir a esa circunstancia, los sentimientos tienen que ser reprimidos. Es sólo cuando la persona regresa a la seguridad que aparecen algunos síntomas (pesadillas, ataques de pánico, etc.) Todo esto habría sido apropiado durante el período del trauma, pero no podía ser expresado de manera segura.


Los seres humanos reprimimos los sentimientos y percepciones que nos dejan demasiado expuestos para el momento, pero en condiciones de seguridad, somos capaces de comenzar a dejarlos salir.

Por tanto, este fenómeno también nos ocurre cuando vemos películas, seriales de televisión o leemos un libro, en las cuales de alguna manera, son situaciones que experimentamos sentimientos y los expresamos cuando la situación se resuelve de forma satisfactoria. Es decir, no es que la situación felizmente concluida lleve al llanto, en realidad, hace que nos sea posible expresar lo que siempre estuvo allí, pero que había sido reprimido.

Esta situación simple es a menudo sorprendente, y como hemos visto, está estrechamente relacionada a esa profunda e instintiva sensación de seguridad que tanto anhelamos los seres humanos.


viernes, 19 de diciembre de 2014

Hombre vs depredador: los humanos cazados


Nuestras emociones, como por ejemplo las (a veces) desmedidas sensaciones de miedo que sentimos los seres humanos, son el resultado de millones de años de evolución que fueron dando forma a nuestra especie, convirtiéndonos en lo que actualmente somos.


hombre depredador humano

Mirando nuestro pasado ancestral sin duda que podemos obtener valiosa información sobre la naturaleza humana, pero algunas de nuestras creencias acerca de los primeros pobladores humanos de la tierra no son siempre las correctas. En los últimos tiempos hemos visto asiduamente en diferentes películas, a aquellos primeros humanos como hábiles y agresivos cazadores empuñando lanzas contra los mamuts en la nieve. Pero la investigación científica nos dice otra cosa: que los primeros hombres que poblaron la tierra eran presas fáciles y que, en realidad, lo más probable es que ellos fueran los cazados.

Pensemos por un momento que los primeros humanos convivieron con enormes hienas de cerca de 200 kilos o con el temible Smilodón, también conocido como "el tigre dientes de sable" y una enorme variedad de otros tipos de depredadores. En cambio, los humanos no tenían colmillos, ni garras, su piel era fina y los medios de defensa muy escasos, todo esto los convertía en presas fáciles para los depredadores.

Por ejemplo, en su libro "Primates, depredadores y evolución humana" el Dr. Robert Sussman, profesor de antropología de la Universidad de Washington escribe que "Hace alrededor de 5 a 3 millones de años, cuando los homínidos se estaban volviendo humanos y medían aproximadamente unos 130 centímetros, el mundo debió haber sido un lugar bastante aterrador. En aquella época, los depredadores eran tres veces más grandes y diez veces más abundantes que ahora. Una consecuencia de ello es que los actuales estudios a restos fosilizados de diferentes depredadores, como leones, hienas o tigres, muestran signos de abundante depredación a seres humanos, nada menos que el 6,5 % de los restos fósiles de animales presentan signos de depredación a humanos".

Todo esto dejó una profunda huella en nuestra naturaleza, los depredadores ya no son una gran amenaza para la mayoría de nosotros hoy en día, pero aún conservamos un miedo profundamente arraigado hacia ellos, que por ejemplo, la industria cinematográfica explota al máximo. Los depredadores tocan un nervio sensible en nosotros, un miedo que se remonta a millones de años.

Uno de los resultados más profundos de este temor fue nuestro desarrollo como primates sociales. En la cantidad hay más seguridad, esta es la razón por la que muchos animales viven en grupos, incluidos todos los grandes primates. Los chimpancés, los babuinos, los gorilas y otras especies de primates viven en grupos sociales de diferente tamaño y los miembros de estos grupos interactúan para protegerse de los depredadores.


Cuando los investigadores estudiaron de que forma se organizan en grupos sociales los diferentes primates, encontraron que los que viven en grupos más grandes y organizados son los que están más expuestos a los depredadores, incluso muchas especies se enfrentan a ellos si es necesario.

Hoy en día vivimos en grandes comunidades de miles o millones de personas. Ser seres sociales ha sido tremendamente importante para nosotros, y una gran medida de lo que somos es debido a la amenaza que ejercieron los depredadores, esos mismos que hasta el día de hoy nos despiertan un cierto temor con sólo verlos.


viernes, 12 de diciembre de 2014

El club de los 27 o el principio del hándicap


El club de los 27 es una forma de llamar a un grupo de grandes talentos musicales que murieron a los 27 años de edad, en casi todos los casos la muerte estuvo relacionada con el abuso de drogas y alcohol.


principio hándicap

En el año 1975 el etólogo israelí Amotz Zahavi planteó el Principio del Hándicap, según este científico, en algunos seres vivos (sobretodo en los machos) existen ciertos rasgos físicos o de comportamiento que parecen ser, en primera instancia, una desventaja para la supervivencia de esa especie. Por ejemplo, la cola de enormes plumas del pavo real macho, no sólo le dificulta el movimiento sino que además lo expone a ciertos peligros. Por regla general, en el mundo animal hay una gran variedad de peculiaridades (plumajes, sonidos, comportamientos, etc.) de varias especies que los hace más fácilmente detectables, y por tanto, más vulnerables hacia sus enemigos o depredadores.

Entonces, evolutivamente hablando ¿cómo se puede explicar la persistencia de estos "obstáculos" que tienen efectos negativos en términos de supervivencia? ¿No debería haber actuado la evolución (como en tantas otras especies) para eliminar estas desventajas?

La verdad es que estos obstáculos son, en realidad, señales de excelencia física, estos hándicaps indican la alta resistencia y calidad de los genes de cada individuo. Es como si el macho le dijera a la hembra: "Puedo darme el lujo de estas desventajas, porque soy el más poderoso y puedo pagar el precio". Y las hembras entienden, en un nivel instintivo, que el plumaje más vistoso, el chillido más audible o el comportamiento más audaz, son conductas propias de los machos más vigorosos que pueden permitirse tener esa desventaja.


El "Principio del Hándicap" en las personas

Los seres humanos también poseemos estos mecanismos que nos hacen mostrar determinados tipos de comportamientos, esto sumado a las condiciones de vida contemporánea, hoy en día podríamos decir que estos "hándicaps" son los deportes extremos, el esnobismo, las musculaturas hipertrofiadas, el hedonismo y las conductas de riesgo en general incluyendo el abuso de alcohol y drogas.
Se tratan de procesos que consumen recursos que sólo los hombres que tienen un potencial físico, intelectual o económico pueden permitírselo.

Es decir, sólo aquellos que tienen buenos genes pueden permitirse estas "desventajas" mostrando de este modo su dote genética, y de esta forma, convertirse en interesantes para el sexo opuesto. Los excesos físicos, materiales, artísticos o intelectuales se perciben como una demostración de alta competitividad y capacidad en los hombres. Y aunque muchos "hándicaps" de la sociedad actual no reflejan directamente la calidad genética de los individuos, seguimos reaccionando instintivamente a estos excesos como modelo de auténtica calidad.

El estilo de vida desordenado, el abuso de alcohol y drogas, noches sin dormir, todo esto es causa de una menor esperanza de vida, también son conductas bastante frecuentes, por ejemplo, en las estrellas de rock. De hecho, unos cuantos de ellos han pasado a ser miembros del Club de los 27. Está comprobado que las estrellas musicales viven, en promedio, 25 años menos que el resto de las personas, sin embargo, durante su corta vida son extremadamente populares entre el público en general, y sobretodo en el caso de los hombres, especialmente pretendidos por las mujeres. Podemos decir que en estos casos la vida bohemia y los abusos de ciertas sustancias pueden ser vistos como una "desventaja", aún así, estos individuos resultan muy atrayentes para las personas del sexo opuesto. Esto quiere decir que el "principio del hándicap" funciona (y muy bien) también en los seres humanos.