viernes, 22 de mayo de 2015

La psicología evolutiva de la barba


Hace ya unos años que la barba se ha vuelto, otra vez, una moda entre muchos hombres. Hipsters, modelos, estrellas de Hollywood... seguramente este gusto continuará por un tiempo más, como cualquier otra manifestación de moda en el mundo occidental.


Psicología evolutiva de la barba

Sin embargo, la historia evolutiva de la barba revela un propósito mucho más trascendente que un mero accesorio facial. El encanto de la barba tiene sus raíces en el pasado violento de la competencia masculina.

En el mundo animal, muchas especies poseen adaptaciones para fingir ser más grandes y de esa forma intimidar a los machos rivales o a sus depredadores, y la mayoría de estas adaptaciones son a la altura de la cabeza, que es dónde se enfoca la atención. Por ejemplo, los leones machos tienen unas espectaculares melenas que sirven para este propósito, los elefantes ante una pelea con otros machos expanden sus enormes orejas. También algunos reptiles utilizan esta estrategia, como las cobras, que abren una especie de capucha a los lados de la cabeza cuando se irritan. Un gran número de primates poseen vello facial o mechones a los costados, esto hace que su rostro se vea más grande en comparación con los especímenes más jóvenes.

Pero al igual que en otras especies, los machos humanos también poseen estas funciones adaptativas, y valerse de la barba para exagerar el tamaño de la cabeza es una de ellas, aunque no la única. Desde los tocados de plumas de los indios americanos, los cascos y sombreros militares o las coronas de los reyes, todos estos artefactos están específicamente diseñados para generar temor, exhibir un rango o demostrar experiencia de lucha.

Ahora, cuando todo esto es llevado al laboratorio de investigación, se hace aún más evidente que el uso psicológico de la barba es más consistente que las tendencias de las modas actuales. En un estudio ya clásico de 1973, el psicólogo Robert Pellegrini encontró que los individuos con vello facial eran señalados como más dominantes, más masculinos y con más fuerza, entre otros rasgos viriles.
Otro estudio encontró que la tendencia de un grupo de mujeres a evaluar a individuos barbudos como más masculinos se intensificó en su fase más fértil. También catalogaban a los hombres barbudos como mejores padres.


La hormona masculina que impulsa el crecimiento de la barba en los hombres es la testosterona, la misma sustancia química responsable de la agresión y el deseo sexual.

Distintas jerarquías de muchas religiones están obligadas a usarla, en el hinduismo, el judaísmo, el sijismo o entre los Amish. Los faraones del Antiguo Egipto, que eran considerados dioses en la tierra, llevaban largas barbas falsas como símbolo de su condición divina. En la cultura occidental, muchas veces Dios está representado como un anciano barbudo. Aún hoy, las barbas religiosas siguen siendo consideradas como símbolos de competencia y poder.
Para nosotros y nuestros evolucionados cerebros, que aún permanecen atados a nuestros ancestrales impulsos de supervivencia, la barba implica un cierto nivel de dominación.

Por lo general, cuanto más antigua es una adaptación mental, más profundo es su significado en nuestro razonamiento, así que, incluso los más pacíficos y civilizados hipsters actuales pueden evocar representaciones mentales que se remontan a la época en la que nuestros antepasados lejanos luchaban por sobrevivir y reproducirse.



viernes, 15 de mayo de 2015

Segundos que parecen minutos: instantes en cámara lenta


Hace 5 años, un amigo mío sufrió un grave accidente con su moto. El impacto contra el parabrisas de un vehículo lo lanzó varios metros por el aire y al caer al suelo, perdió el conocimiento. Lo siguiente que supo fue al despertar en el hospital, varias horas después del accidente. La particularidad es que, aún hoy, puede recordar perfectamente los instantes previos antes de quedar inconsciente.


Segundos que parecen minutos

Es muy frecuente que ante una situación extrema, como ser un accidente, la persona advierta una fabulosa desaceleración en la percepción del tiempo. De hecho, es muy factible que muchos de quienes estén leyendo este artículo, lo hayan experimentado en algún momento.
Particularmente, mi amigo me relató en alguna oportunidad como vio claramente la secuencia del accidente, en especial la rotura del parabrisas del coche. " ...Pude ver como pequeños trozos de vidrio muy brillantes saltaban por los aires. Yo me sentía flotando en el aire, como si no fuera a bajar nunca".

Esta misma ralentización del tiempo se produce a menudo en contextos de desastres, cuando nuestras vidas están amenazadas. Existe abundante investigación científica sobre personas que han vivido este tipo de situaciones en accidentes aéreos o terremotos. Particularmente en el caso de los terremotos, mucha gente ha descrito que ven caer paredes en 'cámara lenta'.


¿Por qué el tiempo parece frenarse en estos momentos?

La verdad es que no hay una sola explicación para este fenómeno. Una de las interpretaciones es que puede ser una especie de 'estrategia neurológica' que nuestros antepasados lejanos desarrollaron como ayuda para su supervivencia. Esta facultad aumenta nuestras posibilidades de sobrevivir a situaciones extremas, ya que es como si se nos diera más tiempo para responder a dicha situación. En este sentido, se podría ver como una adaptación evolutiva.

Otra de las teorías es que se debe al aumento del número de percepciones que la mente absorbe en esos momentos. Quiénes apuntan a esta hipótesis argumentan que la agudización e incremento desmedido de información ralentiza la percepción del tiempo. Sin embargo, en caso de una situación de emergencia o accidente, esto podría ser el efecto, no la causa. Es decir, la sensación del tiempo ralentizado puede ser la razón por la cual llegamos a ser capaces de absorber mucha más información.

Si bien las dos argumentaciones anteriores parecen muy plausibles, quizás la explicación más aceptada es que esta desaceleración se debe a un cambio abrupto en nuestra conciencia.
Nuestro sentido 'normal' del paso del tiempo es producto de un estado habitual de conciencia. Existen muchas variedades de estados alterados de conciencia en el que el tiempo se ralentiza drásticamente, por ejemplo, estados de profunda meditación o bajo la influencia de drogas psicodélicas. Por el contrario, también existen algunos estados alterados en los que el tiempo parece ir más rápido, como sucede con la hipnosis.
Todos estos estados muestran que el sentido 'normal' del paso del tiempo no es absoluto ni fijo, sino que más bien es una construcción psicológica que depende de nuestro 'modo' de conciencia. Este sistema constituye lo que experimentamos y percibimos en casi todo momento, pero que en determinadas situaciones se desordena, y repentinamente intuimos el mundo, y a nosotros mismos, de una forma totalmente diferente, una de cuyas características principales es la percepción completamente diferente del transcurso del tiempo.