viernes, 31 de julio de 2015

La variabilidad masculina


Sin dudas que existe un gran número de estadísticas sobre similitudes y diferencias entre ambos sexos ¿Qué tan diferentes son hombres y mujeres en sus emociones? ¿En qué difieren o se asemejan en sus comportamientos? ¿Y en cuestiones de salud?
Estadísticamente hablando, existe un gran número de información sobre evaluaciones en cualquier ámbito entre hombres y mujeres.


variabilidad masculina

Dicho esto, otro importante concepto estadístico: la variabilidad, recibe menos atención a la hora de entender las diferencias entre ambos sexos. De hecho, las diferencias entre variables en muchos contextos conductuales y físicos, termina siendo la regla.

Existe gran cantidad de estudios que sugieren que, mientras hombres y mujeres pueden ser más o menos diferentes en términos estadísticos en algunos temas, como ser: rasgos de personalidad, causas de muerte, éxito económico o inteligencia emocional. Hay un punto donde ambos sexos difieren sistemáticamente: la variabilidad estadística, que debido a algunas razones, los varones exhiben una mayor diferencia en su comportamiento.


Para entender el concepto considere el siguiente ejemplo: las mujeres tienen más altos niveles de inteligencia emocional que los hombres, en cambio, los hombres muestran un mayor rango de puntuaciones en este tema, por tanto, los varones muestran una mayor variabilidad que las mujeres.

Esta idea está en sintonía con un concepto biológico ampliamente aceptado: el principio de Bateman, que es la apreciación de que en muchas especies, los machos muestran mayores niveles de diferenciación en el éxito reproductivo que las hembras.

En 1948, el genetista inglés Angus John Bateman observó las diferencias de fertilidad en las moscas de la fruta según el sexo. Resulta que los machos fluctuaron mucho más en el número de compañeras y en la descendencia que dejaron, a diferencia de las hembras que eran mucho más estables.

Una amplia investigación muestra que, al igual que las moscas de la fruta, los machos humanos también muestran una gran variabilidad en el éxito reproductivo. Por ejemplo, muchos hombres dejan un gran número de descendendientes, y en el otro extremo, muchos hombres que no dejan ninguna descendencia. En cambio, las mujeres tienden a estar más cerca de una media en cuanto a su descendencia, es decir, no muestran demasiada variabilidad.


Reproducción y riesgos

Está claro que los machos de especies como la humana, pueden engendrar un mayor número de hijos que las hembras. Sin embargo, el punto central es la inversión que deben hacer unos y otros. En la reproducción humana la responsabilidad mayor corresponde a la mujer. Este hecho conduce a que ellas sean más propensas a adoptar estrategias de apareamiento de largo plazo y ser relativamente más exigentes en la selección de parejas. El hombre, en cambio, puede elegir estrategias de apareamiento de corto o largo plazo, ya que su potencial de inversión no es tan grande.

Por otra parte, si dejamos el tema reproductivo de lado, los niveles de variabilidad se siguen manteniendo en muchos otros ámbitos ¿Por qué? La razón fundamental es la toma de riesgos. El hombre tiene una alta propensión a asumir riesgos, esto se debe a que los varones obtienen mayor estatus social y económico adoptando este tipo de comportamientos. Además, la toma de riesgos conjuntamente con ciertas conductas agresivas, sobre todo en los primeros años de la adultez, se relaciona con la implantación de niveles jerárquicos entre varones competidores.

Sin embargo, en las últimas décadas y a medida que las mujeres comenzaron a competir con los hombres en algunos ámbitos, por ejemplo en puestos de trabajo, su tendencia a la toma de riesgos ha aumentado. Es notorio, sobre todo en algunas mujeres jóvenes, que están adoptando comportamientos muy similares al sexo masculino (drogas, alcohol, manejo temerario, práctica de deportes extremos, etc.).
Es posible que en un futuro también veamos una mayor variabilidad femenina, al menos en algunos temas.



miércoles, 29 de julio de 2015

Las antiguas y nuevas extensiones de nuestro cuerpo


Hace un tiempo leí un interesante artículo de un neurólogo estadounidense, en él, el profesional contaba como reaccionaban los pacientes con epilepsia al informarles que ya no podrían conducir más un coche, debido a que habían sufrido una convulsión. Algunos se enojaban, otros solo se mostraban resignados, pero la mayoría de ellos quedaban con un cierto estado depresivo, producto de la pérdida de independencia.


Las antiguas y nuevas extensiones de nuestro cuerpo

En el mismo artículo, también se describía la diferencia de esos individuos privados de conducir, con algunas personas con lesiones en la médula espinal, que perdían la movilidad de sus piernas. Curiosamente, mientras los parapléjicos quedan consternados en un primer momento, a menudo salen rápidamente adelante. Ellos aprenden a usar su silla de ruedas, incluso algunos consiguen coches especialmente equipados, y así siguen adelante con sus vidas. En cambio, a muchos pacientes que se les prohíbe súbitamente el uso de un objeto que utilizan frecuentemente, este paso les cuesta más, a menudo parecen atascados.
¿Por qué entonces, individuos que poseen el uso de sus piernas les cuesta más salir adelante que a personas que no pueden caminar?


El cerebro y su relacionamiento con la tecnología

Esta diferencia habla de nuestra neurobiología y de cómo nos relacionamos con la tecnología. El cerebro de los primates, es decir el del ser humano y el de los monos, nuestros primos evolutivos, está adaptado para incorporar el uso de herramientas, pero no sólo para el mero manejo del utensilio, sino que, literalmente para sentirlo como una parte de nosotros mismos. Dicho de otra manera, nuestros cerebros están diseñados para percibir una herramienta como parte de nuestro cuerpo.

Hace unos años, en el Instituto de Ciencia Cerebral ‘Riken’ en Japón, se realizaron algunos experimentos interesantes al respecto. Los investigadores entrenaron a un grupo de monos para valerse de un rastrillo y así poder acercar un bocado de comida colocado fuera de la jaula, todo esto mientras se observaba la actividad cerebral de los animales con resonancia magnética.
Los científicos japoneses observaron que una vez capacitados en la utilización del rastrillo y al mismo momento de tomar la herramienta con las manos, en el cerebro de los monos se activaba el sistema somatosensorial, cosa que no ocurría antes de haber aprendido a utilizar el rastrillo.
Por tanto y de una forma muy real, para el cerebro de los monos el rastrillo se convirtió en una parte de su cuerpo.


En el sistema somatosensorial se encuentran los centros de recepción y proceso del tacto y se ubica en el lóbulo parietal del cerebro.

¿Qué tiene que ver esto con las personas privadas de conducir coches? En los seres humanos, también en los monos, las herramientas que utilizamos frecuentemente se convierten, literalmente, en una parte de lo que somos. Una de las herramientas más importantes de la sociedad moderna es el automóvil. Son las piernas de las sociedades actuales. De hecho es más que eso, ya que además de la movilidad, también asociamos al automóvil con nuestro estilo de vida, nivel económico y personalidad. Por tanto, cuando una persona pierde repentinamente la capacidad de utilizar el coche, está perdiendo una parte de su cuerpo extendido y más aún.

Y que no se entienda esto como algo materialista, el punto, más bien, es mostrar el límite de lo que llamamos cuerpo, que de acuerdo con la fisiología del cerebro, es más difuso de lo que creemos.
¿Cuántas personas hoy en día se sienten desconcertadas sin sus teléfonos celulares? Esto ocurre porque existe una plasticidad innata en nuestra corteza cerebral para asumir nuevas funcionalidades e incorporar estos elementos al modelo cognitivo del "yo". Es esta misma flexibilidad cognitiva lo que permitió a nuestros antepasados desarrollar herramientas para prosperar y asegurar su supervivencia.

En la actualidad, con el avance de la tecnología, nuevas "extensiones corporales" han surgido. La duda es ¿Qué tan flexibles son nuestros cerebros para seguir incorporando tal cantidad y tan novedosos tipos de herramientas?
Sin dudas que en un futuro, con el advenimiento de nuevas y originales interfaces hombre-máquina, el ser humano podrá observar el surgimiento de nuevas y más impresionantes capacidades, como así también, la aparición de inéditas discapacidades.