viernes, 28 de agosto de 2015

Descifrando nuestro autocontrol


El autocontrol es la capacidad mental que tenemos para alterar o anular nuestros propios pensamientos, conductas o emociones. Se basa en procesos controlados para regular los impulsos. Su fracaso es uno de los problemas centrales del ser humano, que lo implican en fenómenos que van desde la obesidad a la criminalidad o el abuso de drogas, entre muchos otros.


autocontrol

Todos los días, consciente o inconcientemente, las personas nos resistimos a ciertos comportamientos, por ejemplo, comer alimentos que nos hacen daño, ir a divertirnos en lugar de ir a trabajar, procederes inadecuados, hacer cosas que pueden molestar a nuestra pareja, amigos, etc. y muchas otras conductas que, aunque agradables o cómodas en el corto plazo, nos pueden ocasionar costos en un futuro más lejano, además de violar reglas o pautas de convivencia. Por ello, hoy vamos a ver 3 interesantes investigaciones que se hicieron sobre el autocontrol y que quizás nos sirvan para entenderlo un poco mejor.


Autocontrol en niños

En un estudio clásico realizado en la Universidad de Stanford a principios de los años 70, el psicólogo Walter Mischel puso a prueba el autocontrol de un grupo de niños de cuatro años. La investigación consistió en dejarlos solos en una habitación. Cada uno de ellos tenía una campana, para que pudieran llamar a una persona. Anteriormente se les había dicho que si ellos podían esperar a que la persona volviera sin ser llamada, recibirían dos malvaviscos, de lo contrario recibirían sólo uno.
Algunos niños lograron esperar los 20 minutos que tardó en volver la persona y ganaron las dos golosinas, pero la mayoría se rindieron al deseo de gratificación inmediata e hicieron sonar la campana.

Para un niño pequeño, un solo malvavisco puede parecer más valioso que dos malvaviscos en un futuro indefinido. Trasladado esto a la conducta de los adultos, es fácil ver cómo la gratificación inmediata lleva a la gente a comprometer su salud y felicidad en el largo plazo, con tal de obtener beneficios a corto plazo.

Una simple golosina como una acción impulsiva puede parecer trivial. Pero, a lo largo de toda la vida, la capacidad de ejercer el autocontrol puede hacer la diferencia entre el éxito y el fracaso. La investigación ha demostrado que las personas con alto autocontrol son más saludables, disfrutan de mejores relaciones y tienen más éxito en sus estudios y en el trabajo.

Por ejemplo, los niños del estudio de Mischel fueron rastreados hasta la adolescencia. Los investigadores encontraron que aquellos que a los cuatro años retrasaron la gratificación tenían, promedialmente, hasta un 35% de mejores calificaciones.


El autocontrol debilita nuestro... autocontrol

Una de las principales limitaciones de nuestro autocontrol resulta ser, paradójicamente, el haber utilizado nuestro autocontrol inmediatamente antes. Un número importante de estudios han demostrado que los procesos ejecutivos que sirven para controlar nuestros impulsos se comportan de forma muy parecida a los músculos, es decir, se cansan en su uso inmediato.
En una exploración llevada a cabo por investigadores de la Universidad de Columbia, la misma consistió en comparar la cantidad de comida que ingiere una persona que tiene prohibido comer, con la de una persona que no tiene prohibición alguna, pero que lleva la misma cantidad de horas sin comer. Para ello se tomó como primer grupo, a los camareros de un restaurante que tenían expresamente prohibido comer durante las horas de trabajo. El segundo grupo estaba compuesto por estudiantes que habían estado en sus clases de la universidad sin comer durante las últimas horas.
Con el pretexto de una prueba de sabores, los investigadores dieron a probar distintos alimentos, tanto a los camareros como a los estudiantes. El resultado fue que los camareros ingirieron un 20% más de alimentos que los estudiantes.

Es muy común que las personas que tienen trabajos estresantes y ejercen su autocontrol, por ejemplo, para soportar a su jefe, son más vulnerables a la hora de resistir un atracón de comida en la cena. También es sabido que personas que hacen grandes esfuerzos en seguir una dieta, son más proclives a hacer compras compulsivas.

¿Por qué ocurre esto? Las regiones del cerebro que controlan la fuerza de voluntad, hacen mucho más que simplemente mantener nuestros impulsos bajo control. En realidad, forman parte de un conjunto más amplio de funciones ejecutivas involucradas en el autocontrol, por ejemplo, hacer frente a factores estresantes, sopesar distintas alternativas y tomar decisiones; todas las cuales se basan en la misma fuente de energía, y esta es limitada.


Vejiga llena, cerebro en calma

Hace algunos años, un grupo de investigadores realizando otro tipo de estudio, de pura casualidad se dieron cuenta que las personas que bebían mucha agua eran menos impulsivas y tenían un mejor autocontrol. Para probar esta teoría, se hizo beber a un grupo de voluntarios cinco tazas de agua en pequeños sorbos. Después de unos minutos, evaluaron el autocontrol de estos individuos haciéndoles una serie de pruebas.
En una de ellas, se ofrecía a las personas un premio inmediato de 15 dólares o uno con un retraso de 20 días de 30 dólares. Los investigadores encontraron que las personas con las vejigas llenas eran más propensas a la segunda opción, en comparación de un grupo de control que no había bebido agua.

Por tanto, quizás sea recomendable que si usted puede estar ante un comportamiento compulsivo próximo (por ejemplo, va a asistir a un centro comercial o a un lugar donde hay mucha comida) beber una buena cantidad de agua puede calmar su impulsividad, ya sea por comprar o por comer.


Como dijo el filósofo francés Jean Paul Sartre, estamos hechos de nuestras elecciones. Y no es menos cierto que nuestras decisiones, a veces hechas de manera compulsiva, también pueden dar forma a nuestro futuro.



miércoles, 26 de agosto de 2015

¿Están las sociedades modernas estigmatizando la masculinidad?


Es probable que los hombres de hoy se estén enfrentando a un nuevo reto: como hacer para encajar en una sociedad que promueve el intercambio de roles de una manera sin precedentes. Todo esto en un marco cultural que estigmatiza la competitividad, la agresividad y la avidez sexual, es decir, los mayores rasgos masculinos durante la evolución de la especie.

En lo que podría describirse como una mecánica de "formación reactiva", algunos hombres están definiendo su masculinidad en algo que decididamente no es, más que nada en pos de satisfacer ciertas expectativas sociales.


estigma masculinidad

Tomemos como ejemplo el trabajo realizado por la fotógrafa Reesee Zigga, la cual solicitó a un grupo de hombres asistentes a una conferencia en Toronto (Canadá), completar la frase de un cartel y posar para su cámara. El letrero en cuestión decía "la cosa más viril de mí es..." y cada uno podía rematar la frase a su gusto.
Una cosa sorprendente es que la mayoría de los hombres respondieron con atributos más asociados con la feminidad, por ejemplo, "mi corazón", "mi capacidad de demostrar emociones", "llorar", "mi vulnerabilidad", "mi alma", etc.
Si bien no cabe duda que estas personas deben estar describiendo aspectos reales de sus personalidades, también es razonable pensar… ¿son realmente estos los rasgos más viriles de estos hombres? Más bien parecen estar haciendo caso omiso a sus "lados masculinos".

Ahora, aclaremos algo antes de las mal interpretaciones, es fantástico que muchos hombres hoy sean capaces de identificarse con los aspectos más sensibles de sus identidades. Hace tan sólo algunas décadas, ante esta situación, ese individuo seguramente sería blanco de burlas y desaprobación social por parte de otros hombres.
Sin embargo, junto a esta tendencia de hombres que abrazan su lado más tierno, también surge la demonización de rasgos tradicionalmente masculinos, por ejemplo, la competitividad, el proteccionismo, el apetito sexual, la asertividad, la independencia y así sucesivamente.

Por supuesto que estas características no son necesariamente patrimonios exclusivamente masculinos, ni son necesariamente carencias femeninas. De hecho, hoy muchas mujeres experimentan algunas de estas características más que muchos hombres, la independencia por ejemplo, un rasgo marcadamente masculino a lo largo de la historia.

Sin embargo, también es cierto que los rasgos anteriormente mencionados, los podemos ver significativamente más en hombres que en mujeres, una distinción que persiste a través de la cultura, la historia, e incluso las especies.


Los rasgos masculinos están directa o indirectamente relacionados con la cantidad de testosterona existente en el cuerpo de una persona. En promedio, el nivel de testosterona en el hombre es entre 10 y 45 veces mayor que en la mujer.

Lo cierto es que los hombres, como grupo, encarnan las características masculinas con mayor frecuencia y en mayor medida que las mujeres. Y ya sea que estemos hablando de masculinidad o feminidad, no hay nada inherentemente bueno o malo, mejor o peor, en la expresión de cada género.

En realidad, lo que está en juego es la aceptación, la comprensión y la gobernabilidad de los hombres de su propia naturaleza, así como un reconocimiento individual y social de lo que realmente significa la virilidad. Cuando un hombre no puede admitir que lo “más viril” de él es su apetito sexual o el anhelo de ser mejor que el tipo de al lado, es porque está negando su propia esencia.

O sea, aceptar que se es altamente competitivo no significa que la persona tiene que dar por sentado que debe tratar continuamente de superar a la gente que le rodea. Muy por el contrario, al aceptar que la competitividad es una gran motivación en su vida, el individuo puede aprender cuándo y cómo hacer uso de dicha capacidad. Es decir, al conocer y aceptar los aspectos de su masculinidad (incluso los potencialmente problemáticos), el hombre (como ser individual) ganará en autocomprensión y en el relacionamiento con los demás.
Pero aquel hombre, que no esté dispuesto a admitir que es un ser competitivo, fuertemente sexual, agresivo y protector, está sacrificando su capacidad de controlar y hacer uso de algunas características fundamentales de su naturaleza.


Referencia: http://goodmenproject.com/featured-content/whats-the-manliest-thing-about-you-hesaid/