La innovación y la creatividad están sesgadas hacia el lado derecho


La mayoría de las personas muestran un ligero sesgo hacia el lado izquierdo del espacio. En otras palabras, si se nos muestra una línea horizontal y se nos pide que ubiquemos el punto medio, la mayoría de nosotros va a marcar esa posición un poco más a la izquierda del centro real.


escala blanco negro

Sin embargo, distintas investigaciones han demostrado que, en realidad, los individuos muestran variaciones en esta inclinación espacial. Que, como hemos dicho, la mayoría de nosotros este sesgo lo presenta hacia la izquierda, y una minoría lo tiene hacia la derecha. Es más, dicha predisposición espacial podría relacionarse de una manera interesante a determinados rasgos de nuestra personalidad.

Rachel Tomer, una investigadora en psicología cognitiva, utilizó una imagen de escala de grises para analizar el sesgo espacial de 156 estudiantes universitarios. A los participantes se les mostraron varios pares de rectángulos que se degradaban de negro a blanco en direcciones opuestas (ver imagen).
La tarea de los estudiantes era decir cuál rectángulo de cada par contenía más negro.

Tomer encontró una tendencia bastante generalizada hacia la parte izquierda del espacio, pero también descubrió que diez estudiantes mostraron este sesgo hacia la derecha.
Curiosamente, además se advirtió que los participantes con esta tendencia hacia la derecha del espectro, también tendían a obtener mejores resultados en trabajos enfocados en la realización de tareas innovadoras.

Dicha relación no sería tan sorprendente si esta investigación se hubiese hecho con animales, ya que la mayoría de ellos tiene su sesgo atencional fuertemente influenciado por el lado de su cerebro que tiene el sistema dopamínico más activo. Esto quiere decir que, a más actividad de dopamina en el hemisferio izquierdo, el sesgo atencional se dirige hacia la derecha y viceversa. La dopamina es un neurotransmisor conocido por estar involucrado en los circuitos del placer y recompensa del cerebro.


La teoría de Tomer es que los estudiantes con el sesgo hacia la derecha tienen más actividad dopamínica en el lado izquierdo de su cerebro, una característica también implícita en personas con altos índices de creatividad e innovación.

Pero concretamente: ¿realmente una mayor actividad de dopamina en el lado izquierdo del cerebro está relacionada con una naturaleza más creativa del individuo?
La respuesta a esta pregunta no es del todo clara, pero otras investigaciones apuntan a que esta teoría es cierta.
Por ejemplo, los pacientes con la enfermedad de Parkinson que mostraron una merma de dopamina en su hemisferio izquierdo, también presentaban una reducción en su capacidad cuando trataban de realizar tareas creativas. Sin embargo, en aquellos pacientes que la pérdida de dopamina se presentaba en el hemisferio derecho, no mostraban ningún cambio en su comportamiento.
Por otra parte, un estudio de imágenes cerebrales anterior al de Rachel Tomer había determinado que los individuos sanos con más receptores de dopamina en su hemisferio izquierdo obtuvieron mejores calificaciones en pruebas de motivación para la búsqueda de nuevos incentivos.


Referencia:
http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0028393208000699



Madres adolescentes y adultas responden de forma diferente al llanto del bebé


Las madres adolescentes no responden fisiológicamente de la misma manera que las madres adultas al escuchar el llanto de un bebé. Veamos las causas.



Según el estudio realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Toronto (Canadá), esta diferencia se debe a la falta de madurez neuronal en una región del cerebro de las madres adolescentes.


La investigación

La exploración indagó en tres grupos diferentes de mujeres. El primer grupo estaba integrado por 56 madres adolescentes (edad promedio 18 años) cuyos hijos tenían menos de un año. El segundo grupo se componía de 58 chicas adolescentes con la misma media de edad que el primero, en este caso no eran madres ni estaban embarazadas. El tercer grupo estaba conformado por 49 madres adultas (edad promedio 31 años), que al igual que el primer grupo, eran madres primerizas y sus hijos tenían menos de un año.

A todas las participantes se les hizo escuchar un audio con el llanto de un bebé por algunos minutos, posteriormente se les analizó la frecuencia cardíaca y el nivel de cortisol (una hormona que se libera como respuesta al estrés), a través de una muestra de saliva.
A continuación, las mujeres que eran madres (primer y tercer grupo) fueron grabadas en vídeo interactuando con su propio bebé durante 15 minutos.


Los resultados

Las conclusiones de la investigación marcaron que, desde un punto de vista fisiológico, no hubo diferencias en la forma que las madres adolescentes (grupo 1) y las adolescentes que no eran madres (grupo 2) respondieron al llanto de los bebés, ya que en ninguno de los dos casos hubo cambios en la frecuencia cardíaca ni variaciones en el nivel de cortisol.

Pero las diferencias aparecieron cuando se compararon a las madres adolescentes (grupo 1) con las madres adultas (grupo 3). Estas últimas mostraron un aumento tanto en la frecuencia cardíaca como en el cortisol, en respuesta a los llantos.


Estas diferencias fisiológicas también se reflejaron claramente en la forma en que los dos grupos de madres interactuaron con sus hijos. Los vídeos indicaron que las madres adolescentes pasaron menos tiempo jugando con su bebé y más tiempo mirando para otro lado.

Tomados estos datos en conjunto, los investigadores manifiestan que los resultados sugieren que las madres adolescentes están en una menor sintonía conductual y fisiológica con sus bebés. Quizás, en parte, influyan los complejos retos sociales y económicos que las madres adolescentes muchas veces deben afrontar. Pero sobre todo, existe una amplia literatura que indica que la corteza prefrontal medial, una región del cerebro que controla el alerta conductual y la sensibilidad sensorial, madura lentamente y que este proceso finaliza alrededor de los 24 años de edad, esto quiere decir que en la adolescencia está aún en pleno desarrollo.


Referencia:
http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0018506X07002280