Sueles llegar tarde a lugares que conoces pero no a los desconocidos ¿cierto?


¿Por qué solemos llegar tarde a los lugares que frecuentamos, pero no tanto a los que no nos son familiares? El resultado de una investigación quizás nos aclare esta particular situación.


llegar tarde

Todos tenemos trayectos preestablecidos que son parte de nuestra vida cotidiana, ya sea el camino al trabajo, al lugar de estudio, etc. ¿Cómo afecta esta familiaridad en la manera en que el cerebro interpreta dicha distancia y nuestra capacidad de movernos a través de ella?

Una investigación de la Universidad College de Londres nos dice que una mayor familiaridad con una determinada zona nos hace sobreestimar su extensión física, en esencia, en una representación mental detallada de dicho espacio solemos percibirla más grande. Pero a su vez, esta misma familiaridad nos hace más propensos a distorsionar el tiempo de llegada hacia dichos destinos.

De hecho, este estudio publicado en la revista "Hippocampus" sugiere que la familiaridad espacial alarga nuestra percepción de las distancias físicas, y que tiene el efecto contrario en nuestros juicios sobre los tiempos de viaje a través de ese espacio. Es decir, subestimamos cuánto tiempo nos tomará viajar a través de rutas familiares. Esta particularidad mental nos proporciona una explicación de porqué tan a menudo llegamos tarde a lugares a los que asistimos habitualmente.


La investigación

Un grupo de estudiantes extranjeros que vivían en el mismo edificio ubicado en el barrio de Bloomsbury en Londres, fueron reclutados de manera voluntaria para el estudio. Los autores del sondeo les solicitaron a dichas personas que dibujaran un mapa del área donde residían en una hoja A4.

Los estudiantes (7 mujeres y 13 varones) ya tenían cierto conocimiento del área. Una imagen del edificio fue marcada en la hoja A4 como forma de guía. Ellos debían dibujar la parte superior de la hoja representando al sur, esto para evitar que hicieran un dibujo de memoria, ya que en los mapas el norte siempre está en la parte de arriba.
A continuación contestaron preguntas sobre el tiempo estimado de caminata desde su edificio a diferentes lugares. Finalmente se les mostró una imagen satelital de la zona y se les pidió que marcaran los recorridos por los que se trasladaban habitualmente.

Mirando la forma en que los estudiantes esbozaron los trayectos, los investigadores hallaron que habían dibujado las áreas más conocidas demasiado grandes en comparación con las zonas que les eran menos familiares. Pero en cambio, subestimaban el tiempo de caminata por las rutas más conocidas en comparación con las menos conocidas.


Esto parece una contradicción, los estudiantes esperaban llegar más pronto a destinos que en sus propios bocetos se veían como distancias más largas. Este es un resultado que plantea varias preguntas interesantes acerca de cómo la familiaridad de un trayecto afecta la representación del espacio y el tiempo en el cerebro.

Los investigadores discutieron varias posibles explicaciones, incluyendo que existen sistemas neuronales separados para calcular la distancia y el tiempo en recorrer un trayecto. Relacionado con esto, los autores también creen que juzgamos el tiempo de un recorrido que nos es familiar en base a la experiencia, mientras que calcular esto mismo pero de un área poco conocida, no se puede apelar a la experiencia sino que debe ser reconstruida en nuestro cerebro a partir de una representación espacial del área.

En definitiva, quizás ya tengamos la excusa perfecta para la próxima llegada tarde al trabajo... "lo siento, mi cerebro tiene problemas con los recorridos que le son conocidos".


Referencia:
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27770476



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