Posturas corporales que impactan en el cerebro


En materia de sentimientos y emociones, generalmente tendemos a pensar que es el cerebro el que influye sobre el resto del cuerpo, pero no al revés. Sin embargo, lo contrario también ocurre, veamos como algunas posturas corporales envían determinadas señales al cerebro.


lápiz entre los dientes

A finales del siglo XIX, el fundador de la psicología moderna, William James, argumentó que una de las bases de las emociones son las experiencias corporales. James estaba aludiendo a la idea de que nuestras posturas externas contribuyen a formar nuestros sentimientos internos.
Podría parecer extraño pensar que las expresiones que producimos exteriormente podrían afectar la manera en la que sentimos interiormente. La mayoría de la gente asume que es la mente la que controla el cuerpo, no al revés. Pero resulta que existen fuetes conexiones que van desde el cuerpo a la mente, con algunas consecuencias sorprendentes.


Un estudio determinó que saltar es un inductor natural a la felicidad, más que cualquier otro movimiento.

Los científicos saben desde hace tiempo que, por ejemplo, cuando se le pide a la gente mirar fotografías, dibujos o leer historias con el ceño fruncido (indicación de mal humor) tienden a juzgar aquello que vieron o leyeron como menos divertido. Al revés también funciona, cuando los investigadores solicitaron a voluntarios sostener un lápiz entre los dientes de modo que la cara contorsione una sonrisa, las evaluaciones son mejores que en condiciones normales.

Y no son solamente las expresiones faciales quienes envían información a nuestro cerebro. Cuando nos sentamos en una posición desplomada, nos sentimos menos bien acerca de nuestros logros, por ejemplo, de la buena nota conseguida en un examen reciente.
Basta con asumir una postura corporal feliz o triste, segura o débil, para influir notoriamente en nuestro cerebro sobre el estado emocional en el que nos encontramos.

Una investigación de la Universidad de Columbia determinó que cuando dos personas discuten gritando, si una de ellas baja en forma repentina la voz, la haría sentir más segura. Esto se debe a que bajar el tono de voz rápidamente fomenta que el cerebro comience a pensar de forma más abstracta. El pensamiento abstracto mejora el autocontrol, el cálculo lógico y la creatividad.

La investigación

Un estudio publicado en 2012 en la revista "Psychological Science" demostraba de que manera funciona esta influencia corporal. Los autores de la investigación quisieron explorar hasta que punto una expresión facial positiva podría afectar la forma en que reaccionamos ante el estrés. Lo que hicieron fue tomar a un grupo de voluntarios y hacerles completar un conjunto de ejercicios matemáticos, pero además, estas personas debían mantener sus pies sumergidos en agua fría durante la prueba. A la mitad de ellos se les hizo sostener un lápiz entre los dientes de manera tal que su cara dibujara una sonrisa.

Los resultados indicaron que aquellos que sonrieron tuvieron menos cortisol en sangre, lo que estaría marcando menor nivel de estrés, además de recuperar su ritmo cardíaco normal más rápidamente, después de la prueba.

Sin embargo, hay un problema aquí. Este efecto funciona mejor cuando la sonrisa es inconsciente, más que si dibujamos una sonrisa de forma deliberada. En este último caso, nuestro cerebro parece estar adaptado para no interpretar nuestros movimientos faciales intencionales como señal de alegría. A pesar de esto, los investigadores también demostraron que, incluso fingiendo una sonrisa, es mejor que nada. De hecho, independientemente de si las personas eran consientes o no de que estaban sonriendo, la mueca de su rostro simulando una sonrisa conducía a una recuperación más rápida de su ritmo cardíaco después de un acontecimiento estresante, en comparación de los que no estaban sonriendo.
Es decir, a cierto nivel, nuestro cerebro no puede dejar de interpretar una sonrisa como una señal de que todo está bien.


Referencia:
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23012270



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