¿Por qué percibimos que el clima más cálido nos hace más felices?


Si usted vive en el hemisferio norte, seguramente esté soportando un verano agobiante. En cambio, si en estos momentos está en algún país del sur de Sudamérica (Argentina, Chile o Uruguay) ciertamente estará pasando por uno de los inviernos más fríos de los últimos años, y posiblemente muchos allí estén añorando los lejanos días de sol y playa. Sin embargo, aunque muchas personas perciban al verano como la estación "feliz", desde el punto de vista científico esto no está tan claro.


verano

En el año 2008, investigadores de la Universidad Humboldt (Berlín, Alemania) realizaron una amplia exploración al respecto, hallando que la relación felicidad-clima es casi insignificante. Por ejemplo, se estudió el estado de ánimo (afecto positivo, afecto negativo) de casi dos mil personas bajo determinadas condiciones meteorológicas (temperatura, horas de luz solar, viento, precipitaciones, presión atmosférica).

Los resultados indicaron que ninguna de las condiciones meteorológicas predijo significativamente un afecto positivo (sensación de entusiasmo, mayor felicidad o determinación). Hubo, sin embargo, evidencia de que el afecto negativo (angustia, irritabilidad o nerviosismo) aumentaba con temperaturas más frías y disminuía con más horas de luz solar y menos viento.
En general, estas secuelas eran pequeñas, y aunque los resultados observados no estarían indicando que el clima incida en los afectos positivos, si se pudo notar que las temperaturas más cálidas estaban relacionadas con el aumento de sentimientos negativos en la gente, esto a pesar de que más luz solar tenía un efecto positivo, pero de nuevo, las diferencias eran pequeñas en tamaño.

Sin embargo, es probable que un clima más agradable nos proporcione otros beneficios indirectos, por ejemplo, más salidas al aire libre, ejercicios en lugares abiertos y más contacto con la naturaleza. Por tanto, incluso si el clima no produce beneficios por sí mismo, si lo hace indirectamente.


¿Qué ocurre con el amor en verano?

Existe la creencia de que la primavera y el verano son las estaciones ideales para iniciar una relación amorosa. Incluso muchas canciones románticas relacionan el otoño y el invierno con el desamor y la fractura sentimental. Por tanto, se podría plantear la hipótesis de que las altas temperaturas son más propicias para el amor.
Sin embargo, un estudio realizado en 2013 indica que, independientemente de la edad, es en los meses de verano cuando se producen mayor cantidad de disoluciones de parejas. Mientras que es durante el invierno cuando más florecen nuevas relaciones.


El verano y el delito

Además de no ser el mejor momento para mantener una relación de pareja, el verano también tiende a ser el período en el que se produce un comportamiento más antisocial. En una investigación realizada por Craig Anderson, profesor de psicología de la Universidad de Iowa, se analizaron datos de delitos graves (por ejemplo, asesinatos, violaciones y secuestros) de varias ciudades de los Estados Unidos. Los resultados indicaron que la media se elevaba a medida que subía la temperatura.
Las muestras del estudio mostraron que hay una fuerte tendencia lineal al alza de ciertos delitos (asalto, robo, agresión sexual) a medida que aumenta la temperatura.

Ciertamente, estos hallazgos pueden tener algunas explicaciones alternativas, por ejemplo, que el clima cálido aumenta el contacto social entre personas,algo fundamental para que se produzca mayor actividad delictiva. Sin embargo, distintos estudios han demostrado repetidamente que las altas temperaturas aumentan los pensamientos y sentimientos que desencadenan acciones agresivas y hostiles.


Para terminar

Es interesante observar que, aunque instintivamente las personas perciban que los climas más cálidos mejoran el estado de ánimo, la evidencia de dicha hipótesis es débil. En general, los efectos de un "mejor clima" en los sentimientos de las personas son modestos, inconsistentes e incluso en ocasiones van en contra de expectativas frecuentemente sostenidas.


Referencias:
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18837616
http://psp.sagepub.com/content/21/5/434.abstract



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