Nos agrada hablar con personas extrañas, pero nuestro instinto es ignorarlas


Los seres humanos somos animales sociales, a pesar de ello, se habrá dado cuenta que, en muchos casos, la mayoría de la gente en el trasporte público o en salas de espera parece hacer todo lo posible por no interactuar.


personas transporte público

Es por ello que un equipo de investigadores de comportamiento social de la Universidad de Chicago realizó una serie de exploraciones al respecto.
En el primero de los estudios se dividió un grupo de voluntarios en tres, cada uno de estos grupos debía cumplir una condición. La primera era tratar de entablar una conversación con una persona extraña en un viaje en tren. La segunda condición era sentarse lo más solo y apartado posible en el vagón del tren. La tercera condición era comportarse como lo haría normalmente.
Posteriormente, los voluntarios llenaron un cuestionario en el que respondían preguntas acerca de la experiencia del viaje.

Los cuestionarios mostraron claramente que aquellos que recibieron instrucciones para entablar una conversación con un desconocido, fueron quienes tuvieron la experiencia más positiva, seguidos por el comportamiento normal y la conducta solitaria en tercer lugar.
Estos resultados contrastaron fuertemente con las predicciones hechas por los propios participantes antes del experimento, en el que aseguraban que tener que hablar con una persona extraña era la menos agradable de las tres condiciones.
Esto proporciona evidencia de una grave falta de comprensión de ciertas pautas sociales a nivel colectivo, y además nos aporta alguna señal de por qué, a pesar de ser seres sociales, tan a menudo nos ignoramos mutuamente.


¿Por qué creemos que hablar con extraños es desagradable?

Para averiguar esto los investigadores entrevistaron, mediante un cuestionario, a un grupo de personas que se ofrecieron voluntariamente a participar en la estación de trenes más concurrida de la ciudad de Chicago.
Los resultados arrojaron que básicamente existen dos causas. La primera es que la posibilidad de una mala experiencia sesga la percepción de la gente, es decir, los pronósticos de las personas están muy influenciados por el predominio de la perspectiva de una experiencia negativa.
La segunda es que cada uno de nosotros asume erróneamente que las otras personas no quieren hablar, creando así una situación de "ignorancia colectiva". Varios de los entrevistados dijeron que estarían interesados en hablar con extraños, pero que seguramente nadie querría hablar con ellos. Además predijeron que más del 50% de las personas en la estación rechazarían sus intentos de dialogar. De hecho, esto no le ocurrió en ninguno de los participantes que fueron instruidos para hablar con desconocidos en el estudio anterior.

En el estudio final se abordó otra cuestión, y es que, tal vez, hablar con un extraño sólo es divertido si eres quien inicia la conversación.
Esta vez se pidió a dos extraños pasar un tiempo solos en una sala de espera. En algunos de los casos, a uno de los individuos se le dio instrucciones para entablar una conversación con la otra persona.
En consonancia con los resultados anteriores, las personas reportaron haber tenido un momento más agradable en la sala de espera cuando se produjo un diálogo, y esto fue así tanto para las personas que fueron inducidas a dialogar, como para las que no.
Por último, un detalle interesante, las personas introvertidas expresaron mayores niveles de placer después de hablar con extraños que los extrovertidos.


Referencia: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25019381



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada